lunes, 9 de abril de 2012

'LA VIDA COTIDIANA'. Daniel Gascón




CRÍTICA LITERARIA

'LA VIDA COTIDIANA'
Autor: Daniel Gascón
Editorial: Alfabia (2011)
Páginas: 176



LO QUE PUDO HABER SIDO

Daniel Gascón continúa ahondado en las complejidades emocionales y en lo difícil que resulta el hecho de conformarse con lo que se tiene sin conseguir hacer daño a quien importamos. Eso es un punto a favor del escritor. Demuestra que tiene la suficiente personalidad para no renunciar a una temática tan manida –su incursión en el cine con el guión de ‘Todas las canciones hablan de mí’ también indagaba en los recovecos de las relaciones-, tampoco esconde sus influencias, en las que sobresale Woody Allen y muchos aspectos ‘bukowskianos’. El peligro que entraña esa apuesta personal es uno, y muy peligroso: la repetición. De eso que no queda libre Gascón, que reitera en exceso las mismas situaciones. ‘La vida cotidiana’ es un libro un tanto irregular. Combina piezas muy cuidadas como ‘La escritora’ y ‘La vida cotidiana’ con otras de entidad menor como ‘El cuaderno’, algunas anodinas (‘El traductor’, ‘La manifestación’) y propuestas más que Interesantes como ‘Abdominales’, ‘Sucesos’ y ‘Una novia en San Francisco’.

Quizá al tener el libro completo no hubiese sido mala idea replantearse la propuesta y transformarlo todo en una novela compuesta de pequeños capítulos que funcionasen como un anecdotario de la vida de ese protagonista que es el mismo –o se parece demasiado- en todos los relatos. Posiblemente habría conseguido un ejercicio más interesante en un resultado global, dado que aquellos relatos insustanciales no tendrían entidad por sí mismos, serían sólo unas páginas flojas de la novela. En no pocas ocasiones los relatos se alargan demasiado. ¿Qué sentido tiene esto en relatos como ‘La maestra’ o ‘El mentiroso’? Así, no dejan de ser buenas propuestas que terminan convirtiéndose en reiteraciones que no llegan a ningún lugar.

La idea de que los relatos no terminen pretende ahondar en la realidad de la continuación de la vida y que somos nosotros los que vamos poniendo diferentes puntos, en ocasiones, seguidos y en otros, finales; pero de nuevo esto no se aprecia en todos los textos, y el ejercicio se transforma en una apuesta que no siempre tiene éxito. Es el momento de saber si Gascón se toma en serio y no se queda únicamente en simples propuestas interesantes e intenta dar ese paso más que ya se le puede exigir y transformar su siguiente libro en algo más que buenas intenciones.

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

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