jueves, 20 de septiembre de 2012

'A ROMA CON AMOR'. Sin alma pero con chispa


CRÍTICA DE CINE

'A Roma con amor' (Woody Allen. Estados Unidos, 2012. 102 minutos)

Desde 1997, tras la muy prescindible ´Todos dicen I love you´, Woody Allen ha ido alternando resultados muy flojos con cine de alta calidad como ´Match point´, hasta llegar a su ya penúltima y casi olvidable creación ´A Roma con amor´. El ritmo frenético de casi película por año no ha dejado que ni las críticas feroces ni los grandes elogios hayan hecho mella en su necesidad de crear y mostrar. Siempre resulta agradable ver algo del director neoyorkino porque por poco que parezca que ofrece –´Vicky, Cristina, Barcelona´-, siempre transmite instantes, y eso ya es un logro que no todos consiguen.

Con su aventura romana no esconde sus cartas y nuevamente plantea una sucesión de historias cortas que, aunque son terriblemente desiguales, algunas ofrecen un amplio mosaico de Allen en estado puro. Al contrario que hiciese con ´Todo lo usted siempre quiso saber sobre el sexo…´ en la que cada historia funcionaba independientemente y sin entrelazarse, en ´A Roma con amor´, aunque cada narración mantiene su independencia, todas pretenden estar unidas bajo la luz de la ciudad. Allen vuela de un 'relato' a otro con desconcierto y sin prestar demasiada atención a los desbarajustes que andan sueltos ni a los tiempos que transcurren.

Dos son las historias que poseen un potencial digno de Allen: una de ellas, en la que sale él -¡por fin regresó!- y que tiene ese punto cómico e imprevisible de aquellas situaciones en las que se maneja tan bien en su función de hipocondriaco, alarmista y creador, ayudado por esos momentos brillantes en los que combina su renuncia a la forzada jubilación con su afán por descubrir talentos –con pequeñas reminiscencias a aquel 'Broadway Danny Rose'-. Aquí se producen los momentos más interesantes en los que se retrata a la mujer italiana, a la familia, a la ópera, a la muerte… en fin, al mundo alleniano –acompañado por la siempre brillante Judy Davis-. En la parte protagonizada por Alec Baldwin –grandísimo, no es de extrañar que le haya dado el protagonista en su aventura en San Francisco- ahonda en el campo de las parejas. Lo realiza con ingenio y homenajea a Borges al enfrentar al arquitecto ya reconocido con él mismo de joven y un episodio sentimental que no ha podido olvidar.
 
Allen no inventa y se versiona sin pudor regresando a aspectos ya tratados en ´Todo lo demás´ o a la heroína femenina –de nuevo genial Ellen Page- con tantos rasgos parecidos al personaje de Nola Rice interpretado por Scarlett Johanssonn en su primera aventura londinense o a la Amanda de Cristina Ricci en ´Todo lo demás´. No importa, lo hace con gusto y su previsibilidad no impide que encaje.

El corto -¿acaso no es una muestra de pequeños cortos toda la película?- liderado por Benigni es ramplón y pese a tratar con lo efímero de la popularidad –la fama sin ser nada-, todo es tedioso. Los muchos aspavientos del italiano sólo consiguen distanciar aún más al espectador. Con más gracia aunque sin llegar a la carcajada, se sitúa la historia de Penélope Cruz, en la que una especie de “Allen italiano” lucha por entrar en la alta sociedad romana y por una extraña casualidad se ve envuelto con una prostituta –Penélope Cruz- en un juego de engaño y confusión mezclado con aparente puritanismo, algo de sexo y una familia a la que es mejor no tener cerca.

Cada historia posee su iluminación pero ésta carece de notoriedad. Al contrario de lo que sucedía con ´Midnight in Paris´ las texturas creadas para cada situación están carentes de la suficiente integridad para que posean algo más que buenos encuadres. Son únicamente instantes –fundamentalmente en la historia de Baldwin- en los que se aprecian ciertos matices que combinan con lo aséptico de los momentos de Benigni.

Tampoco la música en esta ocasión -salvo momentos puntuales- ha salvado la papeleta a un producto que caerá en el olvido y aunque se rescaten instantes, estos no perdurarán –las expresiones de Allen, sí- más allá de lo que dure el visionado.

Pese a ser un resultado menor, siempre hay que ver lo que hace Allen. Sus fogonazos creativos, sus referencias a Strindberg, su admiración a la 'femme fatale' y sus autohomenajes le han convertido en un creador especial. Sólo necesita descargar lo que lleva consigo sin entrar a valorar nada más que su necesidad. Ahora ya queda menos para su nueva película… porque ahora toca volver a realizar una grande ¿verdad Woody?

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ
 

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