sábado, 22 de febrero de 2014

'UNA VIDA ROBADA'. De pasiones, recuerdos y seducciones


CRÍTICA DE TEATRO

'Una vida robada'
Autor: Antonio Muñoz de Mesa
Dirección: Julián Fuentes Reta y Antonio Muñoz de Mesa
Escenario: Teatro Fernán-Gómez (Madrid)

 Toda familia tiene sus secretos. No importa lo que se intente ocultar, el tiempo no olvida, sino que maquilla. La nueva obra de Antonio Muñoz Mesa sabe combinar elementos claves, como la sensualidad, la malicia, la dulzura, el rencor y el anhelo para conseguir que ‘Una vida robada’ capte la atención del espectador. Su principio es directo, Carlos Álvarez-Nóvoa ofrece una vez más una interpretación notabilísima dando vida al doctor Nieto. Sus exabruptos, su dulzura, su pasada mezquindad, su erotomanía, su honestidad tienen perfecta cabida en una especie de Máster Class que ofrece el actor asturiano. Conseguir tener empatía con un personaje que esconde tantos secretos es algo hábil y fascinante y más, estando toda una función en silla de ruedas. Los momentos más entrañables de la obra los ofrece el doctor Nieto en compañía de una sensual  Luz, –Ruth Gabriel- que compone un personaje que busca, casi emulando a una espía que se sumerge en la guarida para encontrar respuestas envueltas en forma de eco y que quizá no tengan ya propia voz. El juego que ofrecen ambos es tierno, demoledor, atractivo, sincero y leal. Pese a ser una obra en la que la moral –si es que existe en algún lado de las personas- podría ser dañada, la habilidad de Muñoz Mesa al construir el entramado es que ese detalle no importe. La fuerza de las personas y sus interrelaciones  es lo que prima.

Asunción Balaguer se muestra como esa mujer enamorada, entregada a un ser que lo ha sido todo para ella. Desprende sabiduría y se muestra como activa, consciente de quién ha sido y segura de lo que  siente. De nuevo el tiempo no lo cura todo, pero lima ciertas asperezas. Liberto Rabal, en su debut sobre las tablas, se muestra comedido y le falta conseguir  transmitir plenamente esa pasión que ha de tener con un personaje como el de Luz. Enuncia sus acciones pero es una pena que se pierda ese juego tan rico que podría tener con una actriz como Ruth Gabriel, que lo entrega todo. Al final consigue hacer un Julito creíble, que irá engrandeciéndose en matices en cada función.

La escenografía creada por Iván Arroyo aporta vitalidad a la obra y combinada con la iluminación y unas transiciones rápidas acompañadas con pequeñas piezas sonoras consiguen su cometido sin recurrir a falsedades innecesarias.   

Julián Fuentes Reta y Antonio Muñoz de Mesa han sabido poner en pie una obra que habla sobre el ser humano, sus asperezas, sus anhelos, sus recuerdos y sus maldades sin que eso pese en la concepción moral. Cuenta la historia de una búsqueda sin miedo pero con dolor. La fragilidad humana queda al descubierto pero hay ternura y verdad: humanidad.

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

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