miércoles, 21 de mayo de 2014

'10.000 KM.'. Parejada virtual



CRÍTICA DE CINE

'10.000 km.' (Carlos Marqués-Marcet. España, 2014. 98 minutos)

Más sombras que luces en el laureado debut de Carlos Marqués-Marcet. El soberbio plano inicial en el que se sientan las bases de lo que es ese mundo interno de Alex y Sergio se difumina en una sucesión de días a distancia. Los primeros minutos insinúan los proyectos, los vacíos y los secretos de una pareja que juega a creerse estable. El egoísmo es una premisa que guía la historia. Las oportunidades disfrazadas de becas sirven para camuflar el lugar que realmente ocupa cada uno.
Desde la distancia física, Marqués-Marcet comienza a integrar las nuevas tecnologías en el entramado de la película. Les da un papel privilegiado en su estilo narrativo. En una historia protagonizada por solo dos actores –el mayor acierto- esa iniciativa de integrar los diferentes formatos visuales aporta frescura e interés, el problema es que todo resulta demasiado reiterativo y termina por ser plano. La duración de 98 minutos se antoja larga. El planteamiento, que se podría considerar episódico, se ve lastrado por lo monocorde que puede llegar a ser en diferentes momentos. La rutina de la falta de contacto queda evidente y prolongarla solo hace que la historia se quede dando vueltas en círculo hasta asfixiarse. Algunos de los días están vivos y ofrecen destreza, pero son los menos. La idea se alarga y no existe virtuosismo alguno en mostrar a unos personajes encaprichados de sí mismos y de sus sueños.

Lo que sí es un acierto brutal es la elección del dúo protagonista. Natalia Tena –‘Juego de tronos’- y David Verdaguer –residente del Lliure- realizan un trabajo sobresaliente y consiguen que la película no caiga en ese bucle que enuncia la historia continuamente. La distancia como protagonista, la distancia como trampa, la distancia como desahogo. No basta con jugar a un destino común, el problema llega en esa pequeña aventura como trampolín hacia ser alguien. Resquebrajar las emociones como vehículo visual para por medio de días sueltos –parecido a ‘500 días juntos’ pero aquí contiguos- ir resolviendo esos miedos de cada uno. La historia parece ser de vencedores y vencidos. Es una batalla campal en la que priman los impulsos y sueños, solo queda ver quién resiste y quién no.

El montaje sí resulta efectivo, la luz cuadra por no buscar algo que no es. El sonido, sin embargo, es demasiado irregular y en no pocas ocasiones cuesta entender conversaciones. La música está bien escogida y suena en determinados momentos que dotan de más emotividad a la cercanía o al alejamiento.

Todo se agota en la fórmula que da cabida al proyecto. Veinte minutos menos hubiesen sido necesarios para comprobar si había algo interesante o no. ’10.000 km.' queda a la deriva de algo que no termina de ser diferente a nada, eso sí, con tecnología de por medio y dos grandes actuaciones.

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

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