sábado, 28 de febrero de 2015

'BABADOOK'. Ponga un Quevedo en su vida



CRÍTICA DE CINE

'Babadook' (Jennifer Kent. Australia, 2014. 95 minutos)

Cuánta razón había en los elogios que acompañaban a ‘Babadook’ antes de su estreno. Tanta como engaño producía su tráiler, a la búsqueda del espectador habituado al terror de golpe de efecto. Reducir a eso el debut de Jennifer Kent no tiene ningún sentido, porque hay aquí un producto con fondo y que sabe elaborar una potente metáfora sobre temas como la soledad, la locura y los traumas que se arrastran y no se sueltan. Si a esa precisión argumental se le añaden factores como el interpretativo y un carismático monstruo (un diez para aquel que lo comparó con el insigne literato Francisco de Quevedo) queda que ‘Babadook es de lo más potable –que no original- que se ha visto en la cartelera cinematográfica últimamente en el ámbito del terror. Para asustar, demuestra, no es imprescindible un laboratorio técnico de efectos especiales, una historia demasiado compleja ni unos personajes completamente hormonados y dispuestos a la cópula a la primera de cambio.

El arranque de ‘Babadook’ es modélico. El puzle se completa con una precisión exacta, casi mecánica, en lo referente a  presentación de protagonistas, secundarios, escenarios y atmósfera raruna. Incluso la directora se atreve con una eficaz escena de pesadilla rozando el orgasmo, otra rareza. Inquieta y apunta alto en esa primera parte de la ruta, que se recorre con la calma que antecede a la tempestad, deteniéndose en detalles y aguzando en cada línea de diálogo. En ese sentido Babadook es una película de ida y vuelta, repetir visionado la agranda. Los mecanismos del terror más convencional se desatan pasada la mitad de proyección y allí de una forma un tanto inexplicable se rompe el sosiego anterior. 

La historia se mantiene fiel a lo planteado y son las formas las que sorprenden casi hasta convertir ‘Babadook’ en un pequeño festival de efectos especiales tan propio de las más exageradas producciones de posesiones demoníacas. De una mezcla entre 'El resplandor' y 'La profecía' muta a una especie de 'Matrix' alcuinógeno que causa sorpresa por la tibieza demostrada hasta ese instante. A pesar de todo, aguanta el tirón sostenida por las interpretaciones, por el potente mensaje que lanza (el pasado siempre estará ahí, acompañando) y sobre todo por el carisma que irradia ese monstruito tan entrañable de capa y bombín que no deja de ser una suma de todos aquellos que impiden seguir adelante y ver que un día después, todo puede ser diferente.

RAFAEL GONZÁLEZ

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