miércoles, 23 de septiembre de 2015

LOS GUIONES QUE YA NO RODARÉ





La triste noticia del fallecimiento de mi querido amigo y admirado Carlos Álvarez-Nóvoa me traslada a la realidad de un vacío que ya no podrá llenarse, otro más. Conocí a Carlos por una amiga común, Patricia, maquilladora en el CDN. Por medio de ella conseguí entregarle un guión que había escrito para él –quedé hechizado por su trabajo en ‘Solas’ (1999)-. Aún guardo aquel mail de respuesta efusiva al leer aquellas páginas mías. Sus palabras fueron de impulso y confianza en un momento en el que parecía que nada tenía sentido, otro momento más. A partir de aquel cortometraje, ‘Anclaje’, nuestros caminos ya quedaron unidos. De él aprendí todo lo que sé del trato con el actor, me enseñó factores humanos que jamás había sido capaz de percibir. 

Conversador infatigable, sabio de la vida que siempre me ayudaba. Aún evoco cuando ganó un premio de interpretación por nuestro primer trabajo juntos y cómo quiso financiar otra historia con aquel dinero. ’Después de este trabajo juntos no necesito leer nada más tuyo porque sé que lo querré hacer’ me dijo. ¿Qué será ahora de nuestros largos mails? En ellos nos contábamos nuestros proyectos y como escritores nos enviábamos nuestras obras, relatos, reflexiones. Siempre fue sincero y sus comentarios o críticas eran fundamentados. Nuestras discrepancias se basaban en el respeto y los proyectos crecían siempre tras conversar con él. ¡Qué pena me dio que no hiciésemos aquella adaptación de ‘Los comulgantes’ en teatro! Evidentemente, razón no le faltó para explicarme por qué no era el momento adecuado. Siempre conseguía apaciguar mi impulso, me ahorró muchas catástrofes creativas. 

Para mí fue una inspiración continua. Cualquier historia tenía su rostro como protagonista, incluso llegamos a escribir un guión juntos que, como siempre, por fechas, no pudo llevarse a cabo. Nuestro segundo trabajo juntos, ‘Reconocerse’, también fue premiado en Italia y, cómo no, Carlos se mostró entusiasmado y evidentemente accedió a compartir mis planes inocentes de rodar una película con él como protagonista. Jamás puso traba alguna pero tampoco pude realizar mi primer largometraje con él y eso siempre me causará un gran pesar. 

Experto literato, compartimos muchos ratos quijotescos mientras realizaba su excelente adaptación al teatro de la obra de Cervantes. ¡Cuánto añoraré recibir sus mails, sus abrazos, sus historias!  Ahora miro ese cajón en el que guardo todo lo que sé que ya no haré y allí se instalan esos guiones que escribí para él. Sé que no rodaré más, pero lo que es seguro es que estos guiones ya no saldrán de ese cajón. Todo en ellos es Carlos y sin él no tiene sentido hacer nada con esas historias, a lo sumo  transformarlos en novela, pero eso es algo que solo el tiempo marcará.

Querido Carlos, desde una tristeza infinita te doy las gracias por todo, porque sin duda alguna has sido la persona que más me ha influido y del que más aprendí en este mundo cinematográfico y teatral. 

Ahora ya Max Estrella ha muerto. Un abrazo muy fuerte  querido amigo. La frase ‘tomamos una cerveza tras la función’ ya no sonará nunca igual.

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

No hay comentarios:

Publicar un comentario