viernes, 6 de mayo de 2016

'CINCO ESQUINAS'. ¿Qué le sucede a Mario?




CRÍTICA LITERARIA

'Cinco esquinas'
Autor: Mario Vargas Llosa
Editorial: Alfaguara
Páginas: 314



El bajón que viene sufriendo la literatura de Mario Vargas Llosa comienza a ser preocupante. Si bien ’Cinco esquinas’ es superior al ‘El héroe discreto’ (2013), no deja de plantear ciertos interrogantes sobre su desarrollo argumentativo. Tampoco su labor ensayística ofrece noticias esperanzadoras tras ‘La civilización del espectáculo (2012) y eso que su aproximación a Onetti, ‘El viaje a la ficción’ (2008)  volvió a sacar a relucir su precisión y acierto a la hora de abordar a otros escritores. 

‘Cinco esquinas’ retrata un país revuelto en el final de una dictadura. Su primer capítulo, con el toque de queda como telón de fondo, describe  una escena pasional, lésbica y acertada entre dos de las protagonistas. El hecho de emplear el erotismo es algo que lleva al Vargas Llosa de antes, como podía verse en ‘Elogio de la madrastra’ (1988). El problema es que en su actual novela, todo el apartado erótico está más bien plastificado. Este primer capítulo puede ser el más sugerente, en los posteriores no resulta tan eficaz. Los ecos de la dictadura de Fujimori y Montesinos y de los pasquines cuya única finalidad era destapar aquellos escándalos personales, a ser posible de índole sexual , de las personas que podían resultar incómodas para los dictadores es en lo que basa el escritor peruano la parte central de la trama. Prensa amarilla, chantajes, secuestros, asesinatos, amenazas, miedos y valentías no tienen un desarrollo correcto. Se articulan de un modo extremadamente sencillo y lo que podría haber resultado angustioso se convierte en algo tan previsible como reiterado. 

El oficio de Vargas Llosa se nota y es incuestionable. Comanda la redacción y los tempos con armonía. El problema es fundamentalmente argumentativo, quedando en tierra baldía diversas cuestiones que no parecen trabajadas, sino más bien esbozadas. La propia crítica al país es demasiado desnutrida y el estereotipo se convierte en un elemento demasiado común y esto condena el avance del texto.  Al igual que le sucede a Woody Allen al intentar reflejar las clases sociales medias o bajas, el escritor peruano se pierde en esos clichés que condenan a sus personajes. Se le nota más cómodo describiendo la alta sociedad a la que dota de todo tipo de detalles. Las rutinas de los cuatro personajes en las altas esferas, viajes, cines privados, comidas, tríos y dinero son descritas pulcramente. 

La reiteración de diversas situaciones que se dan en la novela ralentiza su avance. ¿Qué se consigue explicando una y otra vez hechos que no necesitan más descripciones? No parece el autor tener un plan claro para defender estas repeticiones que más bien parecen un deseo por engordar páginas.  La parte final de la nóvela es muy poco interesante, más que nada porque todo estaba ya más que enunciado. 

‘Cinco esquinas’ se lee bien y tiene momentos divertidos. Su gran problema es el qué quiere contar. Vargas Llosa aún tiene crédito y se le espera.

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

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