sábado, 25 de junio de 2016

'FATIMA'. Heroínas del día a día



CRÍTICA DE CINE

'Fatima' (Philippe Faucon. Francia, 2015. 79 minutos)

Qué sutil, sencilla y profunda sin pretenderlo resulta ‘Fatima’. Qué admirable mujer la que la protagoniza y cuánta tristeza en su historia. Cuánto mérito el de Philippe Faucon por trasladar voz en grito una historia casi susurrada, una de tantas. ‘Fatima’ es cine social, no lo esconde, de calidad, nada panfletario y que no baja el pistón. Denuncia sin alzar la voz, duele sin machacar y describe sin altibajos. ‘Fatima’ es violencia, rechazo y amor incondicional, despojada de ropajes bienintencionados y de desgarros emocionales llevados al extremo. 

La violencia es uno de los vértices que sustentan esta producción. La mujer que la protagoniza (inmensa Soria Zeroual en su debut) la sufre desde diferentes ámbitos: su propia hija, sus compatriotas y sus jefes. Familia, entorno social y vida laboral. El lenguaje es el mecanismo empleado, a través del juego idiomático se establecen relaciones tanto de dominio como de sumisión en esa alternancia entre árabe dialectal y francés. Un segundo apoyo lo proporciona el rechazo. La argelina se siente fuera de lugar en ese extrarradio de una ciudad francesa sin especificar que podría ser cualquiera. No hace falta gastar metraje para demostrar sus problemas de integración, Hay una escena demoledora en ese aspecto, la reunión de padres a la que acude y en la que no puede mostrar su opinión a pesar de sus ganas por darla. Como último eje, el filme y su personaje principal, no hay duda de que en ella empieza y acaba todo, se nutre del significado real de amor incondicional. Es el ofrecido por Fatima hacia sus dos hijas. Está llevado tan al límite que es capaz de dejar de lado su propia realidad para dedicar su vida por entero a ellas, renunciando incluso a su identidad como ser humano. Duele tratándose de una mujer tan joven y, sobre todo, porque en este caso la realidad desborda lo que no deja de ser una ficción. 

Película dotada de infinidad de detalles, lanza al mismo tiempo una daga al corazón del país en el que vive Fatima y sus dos hijas. Es significativo que la familia proceda de Argelia, cuyo pasado se relaciona directamente con años de colonialismo, daño y dolor. Hay todavía cuentas pendientes en la atmósfera y, aunque no se explicitan, sí se dejan caer en determinados fogonazos.  Todo dota al conjunto de un aire grisáceo y pesado, solo roto por la poesía de los textos que escribe la protagonista y un desenlace con tintes optimistas que intenta equilibrar la tristeza en la mirada, habla y movimiento de esa mujer, otra heroína más, de tantas, del día a día. 

RAFAEL GONZÁLEZ TEJEL

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