jueves, 11 de agosto de 2016

'LA CLASE DE ESGRIMA'. 'Touché a la estona'



CRÍTICA DE CINE

'La clase de esgrima' (Klaus Härö. Finlandia, 2015. 93 minutos)

Rareza al canto. Coinciden en cartelera, en verano y a traición, dos producciones que podrían formar un díptico sobre la historia del siglo XX de un país del que se conoce más bien poco por aquí. Tratan ambos filmes sobre Estonia, el primero (‘1944’) sobre cómo le afectó la Segunda Guerra Mundial, y el segundo (‘La clase de esgrima’) se sitúa ocho años después, abordando las repercusiones del conflicto y su nueva situación política. Si en ‘1944’ primaba la ampulosidad, la cámara lenta, ese deseo de trascender, en la película del finés Klaus Härö hay una de esas pequeñas grandes historias individuales. Endel es un antiguo campeón de esgrima que por su pasado se ve obligado a huir y esconder quién es. Como en otra película que ha llegado en el estío, ‘Capitán Koblic’, el personaje trata de reinventarse en un entorno cerrado y hostil a primera vista. Empezar de cero, en esta ocasión como profesor de gimnasia. 

‘La clase de esgrima’ arrastra la carga de estar basada en hechos reales y cierto aliento épico que termina por lastrar una historia a la que le convenía la corta distancia, la intimidad. Härö teje una excelente primera parte del filme, fría y en la que apenas hay diálogos, la escasa información que se da hay que exprimirla. Se capta ese entorno cargado de tristeza y abulia que asfixia al protagonista, esa huida hacia ninguna parte y ese pasado que nunca se olvida del presente. Es en su segunda parte cuando vira de rumbo y adopta un esquema más convencional, pasando del drama de baja intensidad a una especie de cine deportivo adolescente que le hace perder fuelle e intensidad. Se mezclan en su epílogo las notas más tristes con el contrapunto de una competición deportiva con los clichés reglamentarios en su sitio y con un villano casi de largometraje infantil. Con un poco más de contención se hubiera logrado un mejor resultado, puesto que la base ya estaba bien moldeada. Lo que se jugaba no era la victoria de un conjunto de niños en una competición intrascendente, era algo más importante, ese ajustar cuentas con un pasado que siempre está ahí. Ahí el combate de este filme siempre elegante y mesurado, pierde los puntos que podrían haberle llevado a miras mayores. 

RAFAEL GONZÁLEZ

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