CRÍTICA LITERARIA

Meteoros (Jean-Christophe Deveney y Tommy Redolfi. Salamandra graphic. 312 páginas 2025)

Meteoros (Les Météores. Histoires de ceux qui ne font que passer, 2024), de Jean-Christophe Deveney y Tommy Redolfi, recibió el Premio Especial del Jurado en el Festival Internacional de Angoulême de 2025. El reconocimiento resulta comprensible. Bajo la apariencia de un relato atravesado por la amenaza de un meteoro que podría alterar el destino del planeta, la obra acaba hablando de algo mucho más cercano: las personas y la manera en que intentan convivir con el paso del tiempo.

Los personajes perciben que algo está cambiando. Algunos miran al cielo buscando respuestas. Otros observan transformaciones mucho más inmediatas. Un familiar enferma. Una conversación entre madre e hijo comienza a llenarse de silencios. La adolescencia se vuelve un territorio extraño. Los años avanzan y ciertas seguridades empiezan a resquebrajarse. Deveney y Redolfi entienden que las verdaderas sacudidas rara vez llegan desde lugares espectaculares.

Lo importante no sucede en el cielo. Sucede en las casas, en las habitaciones,  en el trabajo -un sucedáneo de Ikea- los trayectos en coche, o en esas conversaciones que nunca encuentran exactamente las palabras necesarias. La amenaza exterior funciona como un recordatorio de algo que los personajes ya intuían: la vida continúa moviéndose incluso cuando uno desearía detenerla.

La referencia a Raymond Carver aparece pronto durante la lectura. Como en sus relatos, predominan personas corrientes enfrentadas a problemas corrientes. Sin embargo, la comparación más iluminadora quizá sea con Vidas cruzadas (Short Cuts, 1993), de Robert Altman. Meteoros no construye una trama central, sino una comunidad. Las vidas se cruzan, se separan y vuelven a encontrarse. Nadie reclama el protagonismo absoluto porque la verdadera protagonista es la red invisible que une a todos. En ese sentido, la obra también puede ponerse en relación con libros como Winesburg, Ohio (1919), de Sherwood Anderson, o Olive Kitteridge (2008), de Elizabeth Strout, dos autores especialmente atentos a la forma en que una comunidad acaba definiendo la vida de quienes la habitan.

Deveney posee una notable capacidad para observar las relaciones humanas. Algunas de las mejores escenas nacen de situaciones mínimas: una madre preocupada porque su hijo se aleja, un adolescente incapaz de expresar lo que siente, personas que descubren que llevan demasiado tiempo hablando de asuntos prácticos para evitar los importantes.

La enfermedad atraviesa varias historias, pero nunca se convierte en un mecanismo sentimental. Lo mismo ocurre con la soledad. Está presente en muchos personajes, aunque adopta formas distintas: quienes comparten una casa y apenas logran comunicarse, quienes envejecen y observan cómo su mundo se reduce poco a poco o quienes siguen esperando una llamada que probablemente nunca llegará. La novela gráfica encuentra en esas experiencias una verdad emocional que rara vez necesita ser subrayada.



Dentro del cómic contemporáneo puede relacionarse con obras como Historias corrientes (Building Stories, 2012), de Chris Ware, o Ventiladores Clyde (Clyde Fans, 1997-2021), de Seth. Comparte con ellas el interés por las vidas aparentemente insignificantes. Sin embargo, la mirada de Deveney resulta menos amarga. Incluso en los momentos más melancólicos permanece la sensación de que los vínculos humanos siguen ofreciendo algún tipo de refugio.

El dibujo de Tommy Redolfi contribuye decisivamente a esa impresión. Su atención se concentra en los rostros, los gestos y las pausas. Una mirada desviada o una postura corporal comunican a menudo más que una página de diálogos. También los paisajes invernales, la nieve y las calles silenciosas ayudan a construir una atmósfera suspendida entre la incertidumbre y la espera.

Al terminar la lectura no permanece tanto el recuerdo del meteoro como el de las personas. Sus dudas, sus contradicciones y esos pequeños momentos de cercanía que aparecen cuando menos se esperan. Ahí reside el verdadero acierto de Deveney y Redolfi: convertir vidas corrientes en algo difícil de olvidar.

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ