miércoles, 20 de febrero de 2019

CARBALLAL, RAMBERT, LIDDELL. Egos revueltos.

OPINIÓN

El Pavón Teatro Kamikaze otorgó su primera beca de Dramaturgia Contemporánea a Lucía Carballal por su texto ‘La resistencia’. Obra que ha sido dirigida por Israel Elejalde en los Teatros del Canal. Curiosamente, Pascal Rambert comenzó a estar en boca de todos tras su función ‘La clausura del amor’ en los Teatros del Canal. Hoy todo está al revés. Uno de los responsables del Pavón Teatro Kamikaze dirige la obra a la concedieron su beca en los Teatros Canal y Rambert estrena en el Pavón Kamikaze. Es cuánto menos curioso ese juego de espacios. Liddell, por el contrario, va cambiando de escenarios y es muy gratificante que haya decidido regresar a los Teatros del Canal, aunque en esta ocasión su obra no haya tenido el mismo impacto. 
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‘La resistencia’ es un texto que tiene muchos elementos potentes pero en el que el conflicto queda diluido en algo que no tiene la suficiente fuerza y más cuando trata de dos amantes que mantienen una relación desde hace diez años. Carballal maneja bien las conversaciones que, atendiendo a los personajes, rezuman ese aire burgués que las hace graciosas en bastantes momentos. Mónica 47 años, David 55, en la puesta en escena esta diferencia de edad no es palpable en absoluto, aunque la dramaturga lo dejase claro en el dramatis personae. Los esfuerzos de envejecer a Francesc Garrido son más de cara a la galería que a la realidad. Todo comienza de un modo vertiginoso y chocante. El tono de voz empleado por Garrido con ese abuso de las eses, llega a desconcertar. Ambos personajes son escritores -ego garantizado- y su duelo es sugerente pero el mismo se pierde en una desconfianza poco verosímil. Las metas en la vida, las ambiciones, la buena literatura, la escritura, los elogios, las frases, las penumbras y las decepciones. ¿Hay que admirar a quién escribe? Los temas sentimentales quedan levemente tocados por ese ego y esa destrucción de la belleza que termina por perderse. ¿Es bueno continuar luchando por un sueño cuando se sabe que no se va a ser el mejor? Bernhard retrató la cuestión de maravilla en su novela ‘El malogrado’.

La puesta en escena de Elejalde posee su mayor virtud en la dirección de actores. Ambos se mantienen en su tono de naturalidad pese a alguna frase rimbombante. Sus movimientos sin embargo no son naturales y entorpecen sus palabras. La escenografía recrea un bar que bien podría el de una serie de sobremesa que lleva muchos años de emisión. Demasiado repleto. Botellas con bebidas rojas, azules… mesas, más mesas… todo en contra de los actores.  No aporta nada y resta fuerza a la propuesta escrita. El empleo del video es ineficaz y carente de sentido. Mar Sodupe y Francesc Garrido son hábiles en sus interpretaciones algo que es determinante. Una puesta en escena más eficaz hubiese tenido un resultado más acorde a lo ideado por la autora.
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‘Hermanas’ es un gran título, pero su pésimo subtítulo ‘Bárbara e Irene’ casi le resta toda la fuerza. El montaje de Pascal Rambert es dinámico y está muy bien interpretado, aunque peque de un exceso de gritos innecesarios. El texto es irregular y está plagado de lugares comunes. Sobre el papel parece tratarse de una obra que ya se ha visto en demasiadas ocasiones. La inteligente dirección de Rambert consiste en manejar con destreza un combate a pecho descubierto. La rabia del pasado, de la ausencia, de los celos y del talento. La fuerza de ambas actrices mantiene la obra con mucha entereza. El ego de unos personajes que se asfixian por no ser capaces de ser honestas con lo que fueron y lo que son. La iluminación es efectiva con esos fluorescentes que en el momento de la música funcionan casi como una falsa discoteca. No entorpece en la propuesta dado que la misma no busca un preciosismo estético. La naturalidad de ambas actrices -sin contar las ya mencionadas salidas de tono- hace más grande al texto. Consiguen sobrellevar instantes artificiales con un fraseo entonado de forma elegante. Hay humor también en ese exceso propuesto. El momento del baile es emotivo en esa proximidad fraternal. Todo continua, nada cicatriza, pero la vida sigue. Buen espectáculo de un director que maneja el conflicto escénico con elegancia y sin recurrir al continuo artificio de la tecnología. 
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‘The Scarlett letter’ no transciende en nada que no vaya más allá de la pose y de algunos cuadros escénicos magistralmente dirigidos. Aunque tenga como base el texto de Nathaniel Hawthorne, Angélica Liddell no consigue tomarle el pulso y deja a un lado su fuerza textual, abandonando el espectáculo a merced de una propuesta estética desigual que alimenta un ego que jamás se sacia. ¿Qué pretendía? ¿Tiene qué valer todo? Los monólogos que la autora, actriz y directora plantea no perturban por mucho que ella piense que sí. No ofrece consistencia en nada de lo que expone. Sus referencias culturales tampoco tienen justificación. Más bien parece querer citar a sus autores de cabecera en una obra desestructurada que se esconde en provocaciones nada inquietantes. Quizá con el siguiente montaje vuelva a recordar a aquella autora en búsqueda continua. 

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

jueves, 14 de febrero de 2019

'SITUATION ROOMS'. Pose sin mucho poso



CRÍTICA DE TEATRO

'Situation Rooms'
Colectivo Rimini Protokoll
Teatros del Canal (Madrid)

Una breve explicación, tablet en mano y auriculares al oído. Kit completo y dispuesto para acceder al laberinto. Así arranca ‘Situation rooms’, experiencia que el colectivo alemán Rimini Protokoll presentó en los Teatros del Canal de Madrid. Aunque de inicio se apunte a lo contrario, una videoinmersión en una realidad paralela construida con solidez, la propuesta no destaca por su complejidad desde el punto de vista del espectador, que no de la creación, orfebrería de precisión.

Todo se encamina a respetar las instrucciones que emite la voz del Ipad, sincronizar ojos en la pantalla y en lo que pasa por delante y al mismo tiempo asimilar la información que monótona llega por la parte auditiva. El espectador opera como una especie de marioneta dentro de una puesta en escena que si uno se detiene a analizar no le exigirá demasiado. No hay capacidad de decisión en su marco de intervención y el resultado se fía a la coreografía que puede llegar a conseguirse, alcanzando fugazmente bellos instantes de coordinación colectiva. El problema que aparece es que lograr tal sincronización de movimientos depende no solo de uno mismo, sino de la habilidad de la otra veintena de espectadores con las que se comparte representación. De no ser así, que puede ser lo probable, la obra pierde parte de su sentido y del efecto buscado. 

El aspecto físico no debe ocultar el contenido de la obra. ‘Rimini Protokoll’ es una especie de aventura gráfica conformada por breves set pieces que, sin juzgar, propone una inmersión en la industria armamentística, desde la mesa de los directivos de grandes corporaciones hasta historias individuales situadas en zona de guerra. La eficacia de cada capítulo es desigual, desde el interesante descubrimiento del municipio alemán que lleva abasteciendo de armas a los diferentes conflictos bélicos desde hace décadas hasta la irrelevancia de episodios como el del cartel mexicano, de un tanto forzado encaje en el engranaje. La experiencia puede resultar enriquecedora por lo novedosa, aunque el poso es ligero y se revela una cierta superficialidad tapada por el espesor de la originalidad global. Sorprendente para lo que se suele ver en los teatros públicos españoles, que en la comparativa con la cartelera europea en cuanto a propuestas de este tono queda sin duda en puestos de descenso.

RAFAEL GONZÁLEZ

jueves, 7 de febrero de 2019

'NEKRASSOV'. Como si fuera hoy



CRÍTICA TEATRAL

'Nekrassov'
Autor: Jean Paul Sartre
Dirección: Dan Jemmett
Teatro de la Abadía (Madrid)

Un funcionario de la Unión Soviética estalinista ha desaparecido o ha huido, un famoso estafador en horas bajas al que le pisa los talones un inspector mediocre, un periódico progubernamental que necesita urgentemente aumentar sus ventas y para ello está dispuesto a cualquier cosa, empleados que colaboran en mayor o menor grado con ese propósito, exiliados rusos, candidatas políticas que agitan el fantasma de la guerra. Todos estos elementos concurren en el París de la Guerra Fría.

Sartre escribió una única comedia donde se separa del existencialismo opresivo que se le supone en sus obras. 'Nekrassov', que fue escrita en 1955 y con una duración de unas cuatro horas y 28 personajes -aquí reducidos a 13 y a dos hora y cuarto-,  trata de una problemática que hoy en día está de actualidad, tal es el caso de las fake news y la manipulación de las masas a través de ellas. En este caso, Soir à París, periódico conservador progubernamental que cuenta con una página dedicada a noticias, más o menos inventadas, contra el comunismo, decide aprovechar la desaparición del ministro Nekrassov para, sin preocuparse mucho de corroborar las fuentes, influir sobre el resultado de unas elecciones y a la vez aumentar sus ventas en crisis infundiendo miedo a la burguesía. Esta necesidad, y deseo, será aprovechada por el estafador de Varela para sacar partido haciéndose pasar por el funcionario soviético.

Una comedia ácida que dispara sobre los medios de comunicación, una clase media poco crítica, unas instituciones demasiado pendientes del beneficio propio y de los intereses de Estado. Un texto que quizás hubiera necesitado podar el romance del estafador pues no aporta nada y lo envejece un poco. Dan Jemmett, en este su tercer montaje para la Abadía, encaja muy bien el texto en un ritmo ágil y trepidante con continuas salidas y entradas de personajes, diálogos cortantes y cambios de espacio que dotan a la comedia el aire del mejor vodevil y recuerdan a los montajes de Billy Wilder, especialmente a 'Un, dos, tres' y 'Primera plana'.

El trabajo de los actores es excepcional en conjunto, manteniendo todo el juego trepidante de persecuciones y engaños, en un registro premeditadamente teatral que, junto con esa escenografía de una burguesía aspiracional, aumentan el ambiente de la farsa y ambición a la que juegan casi todos los personajes. 

Nekrassov, al plantear la cuestión de la manipulación informativa y el uso espurio de las palabras democracia y libertad de expresión, llega en un momento muy oportuno. Una comedia que juega a ser representada como se hacía antiguamente, exagerando la expresividad tanto verbal como gestual, pero que hoy en día podemos reconocer en cualquier tertuliano o político salvador de la patria. Jemmett ha armado un montaje ácido, ágil, divertido y que se apoya en un gran trabajo actoral.

BENJAMÍN JIMÉNEZ 

sábado, 2 de febrero de 2019

‘DOG CAFÉ’. Extraordinario debut




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 CRÍTICA LITERARIA

 'Dog Café'

Autora: Rosa Moncayo Cazorla
Editorial: Expediciones polares
Año:2017
Páginas: 173



La prosa de Rosa Moncayo es atractiva en su elaboración. Maneja con precisión el lenguaje y su riqueza lingüística jamás llega resultar petulante. En apariencia ‘Dog Café’ no posee una temática original en sí misma, pero es no es lo importante. Lo relevante es el modo empleado al enfrentarse a una historia que, si se atiende a lo que pone su nota biográfica, tiene mucho que ver con la autora. Eso es aún más enriquecedor. Posee una ambigüedad que genera ese misterio atrayente que nunca termina por resolverse. Sería muy recomendable no leer absolutamente nada de la sinopsis. ¿Por qué se empeñan las editoriales en estropear el devenir de los acontecimientos? 

Moncayo se adentra en lo que supone el despertar del sueño del confort para bajar al lodo y enfrentarse a los demonios de la angustia en su versión más terca y asfixiante. Los flashbacks van y vienen para que el personaje que fue una vez se reencuentre con quién es Várez ahora. Esa protección, esa seguridad, ese talento y el afrontar una separación que no es otra cosa que un despertar. ¿Hacia dónde avanzar? El patio del colegio, Seúl, la amistad, la decepción, ella, el sexo, la entrega, la despedida, la tristeza, el fingir, el buscarse, el perderse… La soledad en sus diferentes acepciones. La misma no es tratada desde el dolor, lo sugerente es lo que propone en su enfrentamiento: ya sea voluntario o no. El encerrarse en uno mismo, el despedirse de algo que aún no ha empezado a crecer, la sonrisa cómo vía de escape de esa angustia mezclada con ese sudor en una piel reseca. El teléfono, la distancia y el trabajo para huir de su persona. El libro a medida que avanza recrudece la visión de su protagonista. El tiempo interno se condensa con una agonía que nunca es resuelta desde el punto de huida sencillo. Rosa Moncayo maneja muy bien ese descenso al terror que puede provocarse uno mismo y nada es desmesurado. Consigue mantener el ritmo y retratar un momento muy concreto de una vida. Ese despertar en un momento en el que ya nada será igual. Esa búsqueda por encontrarse tras el naufragio. Várez boxea en la crudeza que puede suponer el día a día, pero por primera vez es consciente.  Hay momentos en los que la autora reincide en determinados aspectos que ya habían sido desarrollados correctamente, pero eso es algo que corregirá en lo siguiente que escriba. 

Existe mucha destreza en la autora mallorquina. Su bagaje cultural es palpable y a la vez el mismo nunca es apabullante. ‘Dog Café’ es una muy buena novela que deja constancia de una novelista que tiene mucho qué decir. ¡Bienvenida!

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

miércoles, 30 de enero de 2019

'NUESTRAS RIQUEZAS'. Una librería ante todo




CRÍTICA LITERARIA

'Nuestras riquezas'
Autora: Kaouther Adimi
Editorial: Libros del Asteroide
Año: 2018
Páginas: 192


Vibra Argelia en la escritura de Kaouther Adimi, autora nacida en su capital aunque establecida desde hace algunos años en Francia. Su escritura aparece férreamente ligada a su país natal, como ya demostrara en ‘El reverso de los demás’ (Xordica) y redoble ahora con ‘Nuestras riquezas’ (Libros del Asteroide). Desde la emigración esta joven autora  (1986) está reelaborando con estilo propio vivencias e historia de lo que dejó atrás en lo físico, nunca en lo afectivo. En su nueva obra se percibe la nostalgia que le produce recordar Argel, ciudad de los cinco sentidos, lugar en lo que lo insospechado es rutina. Es el escenario casi principal de lo que realmente no es más que una potente muestra del profundo respeto y amor de la autora por sus raíces y por los libros. 

‘Nuestra riqueza’ se maneja en dos planos temporales, esa Argel de mediados de siglo XX en la que se intuía el enfrentamiento y bullía la cultura (Albert Camus se pasea en varios ocasiones por estas páginas), y la actual, más apagada y con la resaca del prolongado dolor que le causó la llamada Década Negra. No esconde Adimi ese tono melancólico que bordea la mitificación del pasado de los pioneros. Vertebra cada una de las dos épocas a través de personajes opuestos que son toda una declaración de intenciones. Por un lado, Edmond Charlot, entusiasta propietario de la librería ‘Les vraies richesses’ (todavía hoy abierta), editor con dudas, al borde del fracaso tantas veces, poeta sin poemas publicados y siempre batallador. En contraposición y ya en el presente aparece Ryad, universitario argelino afincado en París que regresa a su ciudad de origen para cumplir, apático, con un encargo que le conectará con la otra parte de la historia. 

De ese contraste sale el desequilibrio que quiebra en parte el potencial de esta novela. El cariño con el que se trata al librero se va reflejando en la ganancia exponencial de protagonismo de su trama en perjuicio de la otra. Adimi exprime el recurso del diario para exponer los sentimientos y vivencias de este personaje y no se conforma con ello, sino que aprovecha para realizar, subrayando en ocasiones en exceso, una cronología de la historia de Argelia en la segunda parte del siglo XX. Coge densidad así una obra que se antojaba más íntima y bordea la pérdida de interés por unos personajes tan bien presentados y que van encogiendo con el discurrir de las páginas. 

Defectos aparte, Adimi muestra buen manejo de ritmo y recursos para hacer congeniar realidad y ficción, sabe de lo que escribe y la lectura aporta un componente didáctico nada desdeñable. Pero en el fondo le puede esa necesidad de homenajear a un país, a una ciudad y a una profesión que han sido y son castigadas en exceso por diferentes avatares, y la autora quiere que su escritura deje constancia, nunca desde el amargor –eso le diferencia de otro gran autor argelino, Yasmina Khadra-, de tales circunstancias. 

RAFAEL GONZÁLEZ

viernes, 25 de enero de 2019

EN EL TEATRO. Cuatro obras

‘Future Lovers’. La Tristura.
Resultado de imagen de future lovers la tristuraUna noche de verano, la música, bailes, un botellón y las dudas de lo que será la vida al enfrentarse a un nuevo ciclo.  La propuesta es muy efectiva y el trabajo realizado está próximo al cine en cuanto a la forma de abordar la puesta en escena se refiere. Partiendo de las interpretaciones, cuya naturalidad es extraordinaria y pasando por una escenografía que aporta una verosimilitud espacial resolutiva. Esa pantalla en la que se ve la ciudad a lo lejos, el bosque, ese coche… Todo se da cita en una noche en la que se tiene que exponer lo que cada uno es. Las escenas están divididas en momentos grupales y por parejas. Las transiciones entre unas y otras están bien llevadas. Los diálogos exponen lo que es cada uno, las dudas, los miedos, las renuncias, las decepciones y los planes. La propuesta disecciona un tipo de juventud más aburguesada en las que plantean proyectos cómo puede ser irse a estudiar piano a París. Todo está llevado desde un punto emotivo, pero no posee calado. Cierto es que existe un preciosismo formal en todo lo que se plantea, pero el texto se queda en eso, no ofrece un paso más en ese terror que pueden sentir los jóvenes a la hora de enfrentarse a ciertas decisiones. Quizá esa sea la propuesta, el no ir más allá.  Es curiosa la evolución temática que han llevado La Tristura y el cine desarrollado por Jonás Trueba. Ambos parecen homenajearse en cada uno de sus nuevos trabajos. ‘Future Lovers’ es un trabajo bueno, pero no da ese paso más textual que podría haber dado para encontrar un elemento más agresivo con lo que puede ser una determinada realidad.

Resultado de imagen de rojo teatro español‘Rojo’ de John Logan.
Texto brillante pero la puesta en escena no ofrece la destreza que evidencian las palabras de Logan. El montaje está muy ligado al que dirigió Michael Grandage con Alfred Molina y Alfred Enoch como protagonistas, pero ni la dirección de Echanove ni las interpretaciones transmiten ni la misma agresividad ni la entrega necesaria. Que el hecho de que la apuesta sea estática en cuanto al movimiento de los actores es algo bueno. Existe una confianza en el texto y es el mismo el que va llevando de la mano a los personajes sin necesitar prácticamente ningún movimiento que lo secunde. Se ha apostado por un humor que no existe en la obra y eso condena a Rothko a parecer más un pobre hombre que una persona atormentada. Los diferentes devaneos que practica Echanove con su voz no permiten que el mensaje de lo que quiere expresar llegue claro. Ricardo Gómez en su rol de ayudante intenta pelear, pero le faltan furia y visceras en su creación. No existe ese miedo que parecía infundir Rothko, no hay atisbo de lucha. La escenografía es extraordinaria en lo que es el estudio del pintor. La iluminación es correcta, pero con falta de matices necesarios. ‘Rojo’ es un montaje que se ve bien por la solida base textual y que hubiese agradecido una dirección firme. Echanove en su doble rol de director y protagonista sale derrotado.

Resultado de imagen de mauthausen la voz de mi abuelo‘Mauthausen. La voz de mi abuelo’ de Pilar Almansa.
El montaje tiene su punto fuerte en la interpretación extraordinaria de Inma González. Consigue dinamizar un texto irregular. Reiterar lo que ya está instalado en el imaginario general es un arma que se antoja insuficiente si se tienen en cuenta muchos de los hechos relatados. La originalidad de ciertos instantes como pueden ser la aparición de la picaresca española en pleno campo de concentración, o el fútbol como vía de escape no son desarrollados lo suficiente. Esos aspectos eran geniales y sí ofrecían algo muy diferente a lo que son propuestas dentro del mismo género. A ello se le suma el humor que está perfectamente instalado y es el otro elemento portentoso que existe junto a la interpretación. Se ha intentado abarcar demasiado y el montaje tira contra sí mismo sus propios hallazgos. La dirección es fluida y plasma sobre las tablas un dinamismo altamente resolutivo. Los movimientos que se plantean son ágiles y están muy bien construidas las acciones. El trabajo de Inma González merecía un texto más acorde y a lo que es su trabajo. Lástima que con la base que se tenía de la historia no se optase por una escritura aún más rabiosa y más cuando consigue que el humor esté tremendamente presente. Eso en sí ya era un logro exquisito.

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‘El sueño de la vida’ de Federico García Lorca y Alberto Conejero.

¿Realmente existía una necesidad de montar el trabajo inacabado titulado La comedia sin título de Lorca? Quizá si se hubiese montado solo lo que llevaba escrito hubiese bastado. La propuesta de Lluis Pascual y el texto de Conejero plantean demasiados interrogantes. Se ha apostado por una interpretación con ecos a lo que se hacía o debía hacer en la España de los treinta, pero no posee calado alguno. Solo la música que es excepcional ofrece fuerza en una apuesta sin garra y con poco que ofrecer.

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

jueves, 24 de enero de 2019

'EL CIELO SEGÚN GOOGLE'. De puntillas

                                                     


CRÍTICA LITERARIA

'El cielo según Google'
Autora: Marta Carnicero
Editorial: Acantilado
Páginas: 144



El debut en la novela de Marta Carnicero se queda en medio de la alevosía planteada. No desarrolla bien lo que enuncia y el texto termina siendo irregular en cuanto a estructura se refiere. Todo lo que pueda traer la adopción y las múltiples singularidades de distancias a las que se enfrenta la pareja protagonista quedan desdibujadas. La rapidez empleada en la sucesión de acontecimientos es desigual. Se agradece un ritmo rápido pero el mismo no está acompañado por lo narrado. Reiterar sin aportar no ofrece entereza en la propuesta. Las voces empleadas son potentes no así el contenido. Nunca lleva a equívoco y eso ya es bastante. Narrar en diferentes tiempos es algo que maneja perfectamente la autora. El problema fundamental en el discurso de la hija que acude a ver los últimos instantes con vida de su padre no tiene el desarrollo que queda plasmado en la primera página. Se produce un cambio precipitado en un sentir que cambia su percepción sin mayor problema y sin ningún arco emocional. Las convicciones aparentemente profundas caen al primer envite.

Tratar con la infidelidad y la distancia emocional puede resultar monótono si uno de los personajes coge el estereotipo tan trabajado de mujer/hombre que busca hacer daño. La novela se centra en una herida que supura rencor. ¿Qué queda de la traductora independiente?  La cotidianidad, la rutina, las pequeñas huidas, la seducción, la indiscreción, el pasado, la adopción, el pasado, las falsas coincidencias, la escritura, los versos y el bagaje cultural pueblan una novela que parece ser más una primera versión que un texto definitivo. Esas intenciones se ven diluidas por quedarse en el aspecto enunciativo de una idea que daba para mucho más. Los elementos de redención que poseen los personajes, fundamentalmente en la recta final, tampoco son demasiado positivos si los comparamos con la furia inicial.  

Marta Carnicero trabaja con materiales buenos. Posiblemente en su segunda novela consiga limar y profundizar en aquello que enuncia sin pasar de puntillas cuando existe un problema.

 IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ