jueves, 13 de febrero de 2020

'EL TRINCHE. EL MEJOR FUTBOLISTA DEL MUNDO'. El genio del no-gol




CRÍTICA DE TEATRO

'El Trinche. El mejor futbolista del mundo'
Autor: Jorge Eines y José Ramón Fernández
Dirección: Jorge Eines
Teatro del Barrio (Madrid)

El talento, la genialidad, la renuncia a la gloria y una dosis de indolencia hacen la leyenda. Le pasó a Mágico González, a Brindisi, a Gascoigne o a George Best, solo hay que ver el número de visitas de los vídeos en Youtube de aquellos con los que no coincidieron. Cada uno con sus circunstancias, contexto y arrebatos, futbolistas como los señalados forman el núcleo más afamado de un grupo en el que también se alinean otros a los que casi no alumbraron los focos. Era Tomás Felipe Carlovich, apodado El Trinche, uno de esos jugadores en los que la leyenda engulló a la realidad. Su historia, al contrario que las de la mayoría, ha sido de transmisión oral, a la antigua usanza más todavía. No hay vídeos o imágenes que fortalezcan o reduzcan lo expresado con la palabra por los que le pudieron ver en el campo.  La transmisión generacional no ha hecho más que agrandar el aura de otros de esos malditos genios amantes del balón y otros quehaceres y alérgicos a lo demás. En ese sentido se puede ver que el teatro es terreno idóneo para historias como la del Trinche, como un cuento a pie de cama en una noche de sueño difícil. La obra dirigida por Jorge Eines la aborda desde ese perfil, íntimo y recogido, solo exaltada en la retransmisión del célebre no-gol del protagonista, otra de sus audacias para la posteridad.

Para una aceptación más completa del montaje hay que situar el papel del fútbol en Argentina, en el que lo que sucede en el césped solo es una parte del relato y puede llegar a protagonizar sesudas reflexiones filosóficas. Lo corroboran en el trasvase a España los años leyendo y escuchando a Jorge Valdano o Ángel Capa, embajadores del fluido intercambio entre balón y palabra. El texto de Jorge Eines y José Ramón Fernández se nutre de esas características y por él pasan filósofos, literatos, una ligera carga política y otros pasajes sociales. Grandes cuestiones alternan con otras más mundanas y centradas en el individuo, sus orígenes familiares, motivaciones y esa mujer desconocida avivando el tamaño del roto interior. La obra pasa así constantemente de planos más íntimos a otros más teóricos sobre el sentido del fútbol. Alcanza más interés cuando se centra en esa personalidad oculta de la que poco se sabía y menos se sigue sin conocer por mucha obra, reportaje o lectura que le atosigue, mérito de las habilidades escapistas del protagonista. Ahí seguirá residiendo parte de su encanto y la obra no le traiciona, así el espectador se queda sin saber más de esas renuncias a la albiceleste en los inicios de la dictadura de Videla o de esa retirada a destiempo y qué pasó en la prórroga de su vida.

La puesta en escena es sencilla y funciona en el segundo plano en el que la coloca la profundidad del texto. Las transiciones continuas quedan fiadas a la habilidad del actor encargado de dar réplica al Trinche, Lucas Ranzani, en sus diferentes papeles de admirador, periodista o niño. El otro intérprete, Claudio Garofalo no se mueve de su rol y en ese estatismo imponente del Trinche, aparte de la indiferencia que pueda causar el fútbol en determinado público, hay uno de los obstáculos a la hora de dinamizar el montaje. Al final, El Trinche era así y así, guste o no, hay que aceptarlo, parece concluir.

Hay otra cuestión que no sería justo obviar y que refuerza la aparición de un montaje de estas características y de un texto como el firmado por Eines y Fernández y es esa alergia que las artes escénicas tienden a mostrar en su relación con el deporte. Se cuentan por escasas las obras que se pueden ver adscritas a este género en los escenarios teatrales del país, cuando material hay de sobra y no circunscrita exclusivamente a la gloria competitiva o hagiográfica, como sí se acerca la literatura. Obras como ‘El Trinche. El mejor futbolista del mundo’ son una muestra de que con pocos medios el interés existe y se despierta y que no todo gira alrededor de la dichosa pelotita cuando se habla de fútbol, como es el caso.
 
RAFAEL GONZÁLEZ

martes, 11 de febrero de 2020

'COMO UNA PERRA EN UN DESCAMPADO'. Brillante






CRÍTICA DE TEATRO


'Como una perra en un descampado'
Autora: Clàudia Cedó
Dirección: Sergi Belbel
Teatro Valle-Inclán (Madrid)


¡Por fin! -Más vale tarde que nunca- Ernesto Caballero apuesta por algo diferente y una dramaturga desconocida y talentosa para la gran mayoría del público de la capital: Clàudia Cedó. ‘Como una perra en un descampado’ es un texto exquisito. La mezcla de drama, tragedia, dolor, risa, sueño, pasado, presente y todo ello con ritmo y sin excederse en nada. Una historia cíclica que comienza y concluye con un drama espinoso, una muerte perinatal. Todo ello, que es una tragedia en sí misma, es tratado con una soltura prodigiosa. Cedó describe el proceso, desde el día que van al hospital hasta el fatídico desenlace. Una sucesión de personajes, que van desde la pareja, a su “conciencia” pasando por sus padres, hermana, enfermeras, matrona, compañera de colegio, enterrador, director teatral, actriz, el hijo no nacido, sus sombras, los sueños y los ruidos…. Y todo con una claridad cristalina. Sergi Belbel ofrece una dirección excelente. Imprime ritmo y jamás confunde en esa sucesión de personas, idas, huidas y llantos. Todo está medido con una precisión milimétrica. Consigue que los actores se muevan con determinación y estos movimientos no son gratuitos. Cada acción tiene su consecuencia. El director confía en el texto y en lo que se trae entre manos.

Los diálogos son muy buenos y la propuesta jamás se regodea en lo sencillo. El ritmo es vertiginoso, pero no abrasivo. ‘Como una perra en un descampado’ retrata el diálogo de Julia consigo misma y con los que la acompañaron, pero también existen escenas del trabajo de su pareja -Pau- en el teatro en el que lleva las luces. Director, actriz y el pasado -siempre el pasado- que vuelve para interrogar sobre posibles errores. El espectáculo ofrece un humor muy bien articulado sin caer en la carcajada vacua, al igual que la crudeza, pero no busca nunca el melodrama. Hay una visión muy optimista sin caer en las soluciones fáciles o en un didactismo positivista vacío.

La escenografía de Max Glaenzel es práctica y coherente. Recrea un descampado con esas ruedas ya en desuso, y demás objetos que se emplean en la recreación de los diferentes espacios por los que transita la vida de esa profesora que en muchos momentos no encuentra respuestas. Ese descampado que huele y en el que se apilan las latas oxidadas avanza hasta transformarse en un lugar que no cuesta tanto estar. Dinamismo en la utilización del material escénico. La escena en el coche con faros incluidos rebosa naturalidad.

El reparto es muy bueno y sale victorioso a algo tan complejo como es el dar vida a tantos roles. Se agradecen las bromas muy bien insertadas por los diferentes personajes que el elenco interpreta y se mentan con chispa. El juego de voces tampoco ofrece dudas y las escenas en ocasiones cabalgan a la vez sin que exista confusión alguna. Nada en la propuesta es artificial. Sergi Belbel ha sabido realizar un montaje de altura que sitúa a Clàudia Cedó como una dramaturga con una prometedora carrera por delante. Buen teatro, muy bueno.

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

sábado, 8 de febrero de 2020

'HISTORIA DE UN MATRIMONIO. Divertimento sentimental


CRÍTICA DE CINE

'Historia de un matrimonio' (Noah Baumbach. Estados Unidos, 2019. 135 minutos)

El resultado de la película de Noah Baumbach deja claras tres cosas: 1- Brutalidad interpretativa de todo el elenco. 2- Ambición vacua de una propuesta que, en realidad, por muy serio que parezca que se lo tomen, no narra nada ciertamente determinante. 3- Obsesión del director en plagiar a Ingmar Bergman en cuanto a planos se refiere.

La radiografía de estos “artistas” adinerados y talentosos que son la pareja protagonista se detiene en esa batalla irracional que puede transformarse un divorcio. Todo está encorsetado dentro del universo creativo en la que él es un prometedor y laureado director teatral y ella una brillante actriz que es tentada por una superproducción en modo de serie. Fuera de las tablas ya no se entienden y para mayor dolor, el hijo se transforma en objeto de la batalla. En ese momento de traslado de ciudad es cuando los letrados entran a formar parte de la vida de ambos protagonistas con la única tentación de devorar un posible preacuerdo existente. En este apartado se muestra inconmensurable Laura Dern en su rol de abogada despiadada. Alan Alda también funciona en el apartado antagonista de Dern. Ray Liotta en su exceso cómo defensor es divertido. Abogados por encima del entendimiento racional.

Todo se contamina por algo que no termina de comprenderse cuando en un principio parece que la pareja lo quiere arreglar civilizadamente, pero por alguna extraña influencia de alguien del mundillo, todo cambia. Nueva York versus Los Ángeles. El niño entre medias y el padre contemplando como esa vida organizada y con un futuro prometedor se tambalea, pero eso ya no importa. Por el contrario, ella se afianza en la serie. Más abogados y más distancia. Todo es gastar dinero y los reproches pasan a encabezar sus vidas. El aspecto más destacado de la película es el sentido del humor que posee la misma. Se acerca en ocasiones a Woody Allen. Ese hecho consigue que su metraje, algo elevado, sea más digerible. 

‘Historia de un matrimonio’ refleja bien los ataques de ego del mundo del artisteo pero naufraga en ciertas angustias y terrores vitales. Su visionado es agradable porque la pareja protagonista desborda talento. Una pena que el guion se quede en una superficie y no rasgue debajo de una alfombra en la que ya no cabe ni una mota de polvo más.  Noah Baumbach hubiese sacado más jugo sin las referencias que ha empleado que han reducido su cine a una sucesión de homenajes bien interpretados. 

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

jueves, 6 de febrero de 2020

'ADÚ'. Buscando vivir




CRÍTICA DE CINE


'Adú' (Salvador Calvo. España, 2020. 120 minutos)


El visionado del tráiler y el enfoque de la campaña que ha publicitado ‘Adú’ incitaba a levantar una previsora barricada ante lo que venía. La posibilidad de envolver en tono mainstream y de forma liviana un tema como la inmigración, tan delicado y más en estos tiempos de cuestionamientos, bulos y en los que es utilizada como arma arrojadiza en la más sucia de las trincheras, admitía todo tipo de cautelas. Al final ‘Adú’ se revela cumplidora, lejos de ser una película importante y llamada a reivindicar, pero sí convincente en su faceta de aunar entretenimiento con una relativa sequedad en su tratamiento del tema. La mayor problemática que encuentra es su indefinición genérica, puesto que se desliza entre la aventura y la crítica social sin terminar ni querer posicionarse o apostar con determinación por una de las vías. El guion se bifurca en tres historias y el hecho de colocar en una de ellas, la más externa y menos identificable con el núcleo, a rostros de mayor peso comercial, parece en ese sentido un peaje para poder maquillar la crudeza, reducida en su paso por pantalla, de los otros dos relatos, que sí se sitúan en el centro del radar del tema migratorio.

El desequilibrio en 'Adú' es notorio, al igual que una acentuada tendencia a telefilm. Solo golpea y se sale de los márgenes de lo asumible para el gran público en dos instantes dramáticamente brillantes. El primero es ese arranque en la valla, que no ahorra en angustia y adelanta un tono áspero que después no se mantiene a excepción de la escena del avión. La otra escena pasa casi de puntillas, pero sin duda y aunque sea breve, supone una de las raras veces en las que se expone en pantalla uno de esos agujeros en el cumplimiento de los derechos humanos en España, las denominadas devoluciones en caliente. Que sea un menor el que la sufre violenta todavía más, sujeto a la mayor de las indefensiones.

El peso principal de ‘Adú’ recae en la historia de ese niño camerunés, pequeño héroe en la senda de otros como Saroo de ‘Lion’, obligado a un incierto viaje a territorio desconocido y repleto de peligros por el camino. Aunque en ocasiones se roza el melodrama, con ese uso un tanto abultado de la música, el guion se maneja bien sin llegar a tropezar en sentimentalismos ni en una visión descarnada de la desgracia. Adú, sin olvidar a su hermana, son el pilar del largometraje, por eso las otras dos historias son como afluentes menores. A la de la valla de Melilla le falta grosor en su tratamiento, puesto que material de partida había y suficientemente jugoso, mientras que la que protagonizan Luis Tosar y Anna Castillo queda reducida a una problemática familiar  y, a pesar de estar bien cerrada y de entender su intención –el triángulo cooperantes, ONG’s y África-, es la más descafeinada y menos impactante dentro del conjunto, como una concesión a la sentimentalidad.

Después de propuestas tan ambiciosas como superficiales como la reciente ‘El cuaderno de Sara’, ‘Adú’ se muestra solvente en su acercamiento a aquellos que buscan la oportunidad de vivir a distancia de la muerte. Lejos todavía de retratos tan profundos como ‘La pirogue’ sí deja constancia del nivel competente de un director como Salvador Calvo y se significa como un notable primer paso desde la ficción a la hora de tratar una realidad que ya es incuestionable por mucho que se niegue o rechace.

RAFAEL GONZÁLEZ

domingo, 2 de febrero de 2020

'IRSE'. Cuando uno es dos


CRÍTICA LITERARIA

'Irse'
Autora: Esmeralda Berbel
Editorial: Comba
Páginas: 188

Botho Strauss escribió lo siguiente: ‘No hay ningún fracaso, ni la enfermedad, ni la ruina profesional o económica que tenga un eco tan cruel y profundo en el subconsciente como un divorcio. Penetra hasta el núcleo de la angustia. Resucitándola. La herida provocada, es más profunda que toda una vida”. Esto es lo que le sucede a Esmeralda Berbel en su travesía por la separación del que fuese su marido, el actor, Eduard Fernández. El libro es un diario que transcurre entre 2012 y 2015. En él desgrana ese sentir tan agónico que padece en su día a día. El género siempre ha estado presente, pero en la actualidad, el fenómeno que ha propiciado los fantásticos tomos de Iñaki Uriarte parece que han ayudado a que existan un mayor número de publicaciones con estas confesiones escritas -a priori- para uno mismo.

En el caso de Berbel, el mismo parece estar ligeramente recortado. No esconde ciertas intimidades, pero puede intuirse una poda por la desigualdad existente en ciertas reflexiones. El estilo de la autora es fluido, aunque peque de cierta intelectualidad en diferentes momentos. Comparte su vivencia y lo que es ella en todos los aspectos de su vida, desde la relación con sus padres, hija, amantes, amigas, viajes y la siempre presente escritura. A su ex parece que le dedica el diario pues cuando a él se refiere, emplea la segunda persona. Un tú en ocasiones abrasivo y desquiciante Ese infierno de lágrimas e incomprensión tiene en un componente que va en su contra: la reiteración. Hay páginas del mismo que parecen repetirse porque su evolución no abandona la asfixia. Esta apuesta por lo cíclico no posee ese calado que parece buscar. Es posible que hubiese necesitado una edición más firme para poseer más firmeza. La descripción que realiza de Fernández recoge todos los tópicos que se esperan de un actor de su talla. No hay ni uno que quede libre. Incluidas la inmadurez y el egoísmo -evidentemente solo se exponen desde el punto de vista de la persona abandona- que no desentonan con lo que puede ser la profesión. Sus dependencias emocionales le dejan en un punto de no saber quién es y luchar por conocerse. Huidas, besos, el vacío, recriminaciones, nuevas experiencias y el silencio. A ello se le suma esa escritura que no deja de ser una terapia para no estar sumida en esa tristeza que corroe.

Hay páginas muy emotivas y otras en las que la autora no ofrece continuidad a su estado y lo narrado son puntos un tanto dubitativos de lo que puede conferir una guía por su emoción. ‘Irse’ es una mirada a un espejo en los que la rabia de su hermano, el ego de su ex y el crecimiento de su hija vapulean a una escritora que no se encuentra entre tanta huida. Faltan muchas cosas para que el libro posea una entidad más notoria y que no se quede en la anécdota, aunque alguna, eso sí, esté muy bien dotada, con o sin Citalopram.

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

viernes, 31 de enero de 2020

'INQUILINO (NUMANCIA 9, 2ºA). Derecho a un hogar


CRÍTICA DE TEATRO

'Inquilino (Numancia 9, 2ºA)'
Texto: Paco Gámez
Dirección: Paco Gámez, Judith Pujol, Eva Redondo
Teatro María Guerrero (Madrid)

En los últimos cinco años se han producido en España unos 40.000 desahucios por impago de alquiler y suponen ya más de un 75% del total de lanzamientos. A esto habría que añadir la cantidad de inquilinos que dejan sus pisos voluntariamente y de forma más o menos amistosa ante la imposibilidad de afrontar la subida del precio al renovar el contrato. Este precio ha aumentado en los últimos años más de un 50%, lo que, añadido a la gran precariedad laboral (en jóvenes ya como problema endémico), hace que vivir de alquiler en una ciudad como Madrid sea un lujo cuando no casi un milagro.

Paco Gámez ha escrito un texto maravilloso sobre su caso, la expulsión de lo que fue su hogar. Su caso no fue ruidoso con cargas policiales y activistas. No era el desahucio una persona que estaba sin recursos y que se quedaba en la calle con familiares a cargo.

Por aquel entonces, Paco Gámez, o en este caso el personaje homónimo que cuenta la biografía del autor, era un chico de Jaén llegado a Madrid unos años antes, alguien que se ganaba la vida como profesor particular, extras como actor en eventos y lo que fuera saliendo. Lo justo para vivir sin ahogos en piso pequeño y caluroso mientras uno se hace un hueco. Es un joven de clase media al que le llega el aviso de una subida de alquiler desproporcionada. Paco Gámez quiere seguir viviendo solo y en el centro de Madrid. Cuenta con la ayuda de sus padres.

Esto que puede parecer una frivolidad con la que está cayendo, permite plantear una cuestión fundamental: el derecho a vivir en el hogar que uno quiere, de construir ese hogar, y de cómo se está negando tal planteamiento. Al presentar un desahucio tan poco dramático presenta el conflicto en su esencia.

El texto es puesto en pie en solitario por el propio autor, en una especie de monólogo apoyado por voces en off y una serie de televisiones que le dan réplica y permiten que sea todo más fluido. Tanto la escenografía (a destacar ese suelo en pendiente que da sensación de que todo es inestable) como la dirección escénica trabajan a favor del texto, para nada teatral al uso, para reforzar dramáticamente los pasajes más literales. Quizás hubiera hecho falta que no se hubiera puesto tanto a disposición del texto y haber potenciado los momentos más poéticos y de ruptura de lo real, rompiendo la literalidad y potenciando lo escénico.

Lo mismo se puede decir del trabajo actoral, que aunque está a la altura en el reto nada fácil de poner en pie un monólogo en el que se cuelan las voces de otros personajes (madre, amante, empleado de la inmobiliaria, entre otros), se tiene la sensación de poder haber ido más allá, puesto que se ven momentos donde había una veta a explotar de la comicidad y del trabajo corporal de Paco Gámez, a veces refugiado en acciones de confort. Este aspecto no  hace desmerecer para nada lo que se pone en pie en el escenario, ni mucho menos, con momentos de fuerza y belleza como en el caso de la fiesta salvaje o la lluvia de inquilinos.

'Inquilino' es un montaje que merece ser visto y con un tema de plena actualidad como son los desahucios, pero que sin embargo va más allá en el retrato de la angustia existencial y vital de una generación que ve como el futuro prometido se desvanece al igual que su imposibilidad de formar un hogar, una juventud que ni siquiera cuenta con los lazos de solidaridad de clase de antaño, todo ello a partir de un texto lleno de poesía, humor y lejos de la autoindulgencia.


BENJAMÍN JIMÉNEZ DE LA HOZ

sábado, 18 de enero de 2020

'DRÁCULA'. Despropósito referencial



CRÍTICA DE SERIE

'Drácula' (Mark Gatiss, Steven Moffat. Reino Unido, 2020)

Francis Ford Coppola cuando dirigió su Drácula en 1992 marcó un antes y un después en el género vampírico. Si se tiene en cuenta el guion, el mismo no era ni una adaptación de la novela, por mucho que en su título lo remarcarse, ni tampoco una aproximación original. La misma tenía unos precedentes demasiado obvios en el ‘Drácula’ (1973) dirigido por Dan Curtis para la televisión con un resolutivo y creíble Jack Palance y en el de John Badham (1979) con el seductor Frank Langella en el rol del conde. La habilidad que tuvo James V. Hart fue saber combinar tales influencias y añadir elementos sentimentales e históricos que sí consiguieron que la película tuviese una base contundente o cuanto menos, que su pacto de ficción fuese consecuente y asumible. A esto se le ha de sumar la brillante idea de Coppola de no añadir efectos digitales. Su forma de materializar las imágenes sí fue un tratado brillante de cinematografía. Además, la banda sonora terminó por ensamblar una obra determinante en el género vampírico. A partir de ese instante todo han sido bandazos con referencias a este Drácula. La anterior aproximación al personaje de Stoker fue la protagonizada por un seductor Jonathan Rhys Meyers. Diez capítulos muy desiguales pero que sí intentaron arrojar algunas variantes. Una miniserie hubiese tenido mejor suerte. Se echó por tierra la producción y aunque no subsistió a las voraces críticas sí poseía aciertos muy grandes, como podía ser el personaje de Renfield. 

Mark Gatiss y Steven Moffat han naufragado completamente a la hora de intentar ser más originales que Bram Stoker. Es un desvarío incluir en su título el nombre de Stoker. Su forma de resucitar a Sherlock Holmes fue brillante en sus dos primeras temporadas. A partir de la tercera el castillo de naipes cayó sin recuperación posible por muchos especiales que hiciesen. Su forma de abordar Drácula es espeluznante en sí misma por la aparente falta de trabajo que han tenido los guiones en sus tramas y subtramas. 

Partiendo de un comienzo curioso, a partir de los cuarenta minutos todo comienza a chirriar. El tratamiento a Jonathan Harker puede ser llamativo y aunque sus aventuras en el castillo obedecen más a trampas de guionistas que a situaciones con sustancia, se podían aceptar. Tras eso ya deja de ser llamativo y absolutamente todo se transforma en una caricatura no pretendida. El personaje de Van Helsing, la histriónica Mina, el propio conde y las monjas son apuestas sin fuerza que terminan por diluir algunas buenas intenciones. Mina es un esbozo de la simplicidad que acaricia la serie. Arrojan al vacío un personaje rico de forma incomprensible.

El segundo capítulo ya es el colmo de la desconexión. Recrea el viaje en barco a Londres en el que se dan cita todo tipo de recuerdos, muertos y partidas de ajedrez al más puro estilo de ‘El séptimo sello’ (1957). La primera parte del capítulo ofrece tedio y reiteración. Ese es el momento en el que se constata que la apuesta es algo sin sentido. Ya no hay más probaturas, otra aproximación a Drácula tirada a la basura. A partir de ahí el episodio entretiene más y divierte porque ya nada se puede esperar de tal alegoría de despropósitos. El final es de carcajada abierta. Más bien parece una apuesta de los creadores por ver qué idea era peor que la anterior para demostrarse que nada importa porque ya tienen el respaldo de la plataforma de exhibición. 

El tercer capítulo es ese broche de desidia creativa con instantes muy sugerentes. Atisbos que no se concretan. Drácula en la actualidad con la revisitación de ciertos personajes como el Doctor John Seward, Quincey Morris y la enigmática y fogosa Lucy Westenra. Esto sí es algo que podría haber sido una indagación acertada y más en consonancia con lo que se propuso en ‘Sherlock’ (2010). El resto se vuelve a lo mismo y las malas ideas terminan contaminando nuevamente la propuesta para concluir con un final descabellado. Drácula es un vampiro elegante y exquisito que solo puede tomar sangre en condiciones idóneas. No le valen de muertos o enfermos. La elegancia del personaje es demasiado gélida y existen homenajes en algunos planos a Christopher Lee, pero son pequeños guiños que no calan. Agotan las comparaciones entre sangre y vino, pero se termina sonriendo ante una realidad demoledora: se produce tanto en cine como en televisión sin atender a las propuestas. Otro aspecto muy negativo es el maquillaje y la dirección artística. Todo se ve parte de un decorado y las heridas parecen los utensilios que venden en Halloween para los niños.

Esta miniserie no cautiva ni está trabajada. Es una reunión de impertinencias creativas. ¡Larga vida a Drácula!

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

jueves, 16 de enero de 2020

'MAMMON'. Guaisada inmediata y vacua



CRÍTICA DE TEATRO

'Mammon'
Autoría y dirección: Nao Albet y Marcel Borràs
Teatros del Canal

Desde que recibiesen el premio de la crítica en Barcelona en el año 2015, Nao Albet y Marcel Borràs no han parado de tener éxito con esta obra. Se repone esta temporada y sigue recibiendo vítores. El buscar una explicación es algo que no merece la pena. La propuesta no tiene ningún calado. Partimos de modas y la de que los actores se presenten con su nombre real comienza a despertar una peste que ya hace desconectar. Peor aún es jugar a hacer creer que la obra no se va a representar. Venga con el juego. Imágenes y los actores leyendo el diario de Marcel en su viaje a Alepo y de dónde surge la idea de realizar una obra sobre Mannon. Toda la propuesta gira en torno a cómo consiguieron financiar -o no- una obra que no es la que se ve. Simplemente es un juego de casinos, prostitutas, drogas, videos, más partidas, más drogas y más banalidades para intentar conseguir el dinero. Chascarrillos y mucha naturalidad, eso sí, y ese es el acierto de la obra. Su duración, cercana a las dos horas es asumible pese a los lugares comunes que representan una y otra vez.  Jugar a hacer guiños a Tarantino o a Robert Rodríguez termina abrumando por la gran falta de creatividad que ofrece un montaje que se aísla de cualquier compromiso con lo que plantea. Teatro dentro del teatro para hacer teatro… llega a ser agotador. Los personajes caen en sus trampas y transforman la idea de hacer teatro en un laberinto de tiros, cocaína y bailes.

La propuesta escénica no necesita de muchas cosas, pero podría haber necesitado menos si se atiende a la parte final. Todo está construido con ese buenismo que persigue empatizar con el público. Esos dos chavales que aparentemente luchan por poner sobre las tablas un sueño terminan volviéndose lo que siempre han sido: dos niños caprichosos que solo quieren jugar a ser teatreros y que lo consiguen.

Poco trabajo en la dramaturgia, pero interpretaciones naturales. Nada más. Por lo que parece, eso vale.

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

martes, 14 de enero de 2020

'SIN TECHO'. Vida en la calle





CRÍTICA DE CINE


'Sin techo' (Xesc Cabot, Pep Garrido. España, 2019)


Un sociólogo escribía recientemente en una tribuna abierta que a las personas que vivían en la calle se les trataba como muebles o decorado. Están allí, aunque invisibilizadas, asumida por la ciudadanía su estado como algo irreversible. Personas deshumanizadas, despojadas de lo mínimo, excluidos que existen aunque no se quiera ver. Observación y realidad, es lo que reivindica ‘Sin techo’, pequeña producción catalana que se aleja de la compasión, explicaciones y búsqueda de soluciones para retratar, directa y sin rodeos, una problemática individual que podría ser la de tantos. A ‘Sin techo’ hay que agradecerle que se sitúe en un plano en choque con la condescendencia y que no recurra a ninguna manipulación emocional. Privilegia el tono frío y casi quirúrgico en detrimento de lo estructural. El foco se pone en lo individual, en la elaboración del perfil del protagonista. La información al respecto se dosifica y apenas llegan datos que permitan contextualizar su biografía y qué le llevó a la calle. Hay espacios vacíos que el guion no rellena y debe ser el espectador el que ponga de su parte para rentabilizar lo visionado.

No es tan importante por lo tanto la peripecia del protagonista, resumida en la búsqueda de la redención de un pasado traumático. En ese sentido la película es como el camino que inicia de vuelta al hogar familiar: lineal, directo, sin atajos ni desvíos, perdido entre lugares sin nombre y de grisácea concepción y con hachazos repentinos de violencia física y psicológica. No hay casi conversaciones y la música no aparece para interrumpir ese silencio sepulcral que solo rompen los sonidos de la vida urbana y la naturaleza. El periplo, interior y exterior, se configura así duro e inmisericorde, con el frío y la soledad como enemigos o simplemente aliados y compañeros de viaje.

‘Sin techo’ se configura como un notable producto de cine social, que tan en boga estuvo hace un par de décadas y que tan famélico andaba en los últimos años. Es metraje reflexivo y lento que puede llegar a exasperar tanto como apoderarse e impregnar el estado de ánimo del espectador. Evidencia el resurgir de temáticas de relevancia social, ya sin esas licencias sentimentales o compasivas que la sequedad de los tiempos actuales ya no permiten, y ahí ese final que no es más el inicio de un nuevo recorrido en círculo.

RAFAEL GONZÁLEZ

jueves, 9 de enero de 2020

CINE 2019. Lo más destacado

Selección de las producciones que los componentes de La Carcoma juzgan como las más destacados entre las que han visto en 2019. Se han clasificado en dos apartados: Cine y Series

Cine:

'Parásitos'. Bong Jo-ho. Corea del Sur
Una tormenta vista sentado en tu sofá de lujo o sentada en el retrete mientras se inunda de mierda la casa. El director coreano hace un magnífico retrato de la división de clases. Comedia ácida sobre un sistema en el que prima el sálvese quien pueda. Un guión excelente y magnífica fotografía.

'El peral salvaje'. Nuri Bilge Ceylan. Turquía
La historia se centra en el regreso a casa de Sinan, un aspirante a escritor que desea luchar por algo que realmente le llena, pero irá asumiendo lo complicado de su empeño. Filme magistral. La coherencia creativa que muestra el director turco Nuri Bilge Ceylan siempre es acorde a una radiografía del ser humano altamente reconocible.

'Los miserables'. Ladj Ly. Francia
Los suburbios de París nunca estuvieron tan bien reflejados en el cine como con ‘Los miserables’. Esto también es París, grita rabioso Ladj Ly desde los inicios del filme, ejemplar de cine político disfrazado de policiaco. Que nadie le reproche sobra la dramatización o verosimilitud de lo narrado. Ly nació, creció y sigue viviendo allí, haciendo activismo social como mejor sabe, con la cámara. ‘Los miserables’ solo es el primer peldaño de una ascensión que se anticipa larga y relevante.

'Los días que vendrán'. Carlos Marqués-Marcet. España
Retazos de vida incipiente y adulta son los que muestra Carlos Marqués-Marcet en ‘Los días que vendrán’. Combina la evolución sentimental de una pareja urbanita con el desarrollo del embarazo de una madre primeriza. Todo un hallazgo y corriente de emociones supone el minutaje de VHS familiar rescatado en pantalla.

'Día de lluvia en Nueva York'. Woody Allen. Estados Unidos
Este Allen ha salido ganador y ese mundo referencial que posee se limpia para hacerse propio. El director neoyorquino solo se parece a sí mismo. ‘Día de lluvia en Nueva York’ se ve con una sonrisa y está repleta de detalles lúcidos que nos recuerdan que cualquier momento pasado fue mejor, o no, pero que merece la pena seguir adelante.

'El faro'. Robert Eggers. Estados Unidos
Seductora, temeraria, hiriente, fantasmagórica, cruel e inquietante. ‘El faro’ es una película de actores, de técnicos y de talento. Dos fareros en una isla en Nueva Inglaterra a finales del siglo XIX con el peso del pasado, el odio, la bebida, la mentira la bebida y una sirena. Robert Pattinson ofrece un claro recital de interpretación.

'Ray&Liz'. Richard Billingham. Reino Unido
Película altamente peculiar. El único problema que puede ofrecer son los puntos ciegos que no resolverá en aquel espectador que no vaya prevenido. Radiografía tres aspectos de la infancia del director con una creatividad desbordante. Posiblemente la apuesta más original de todo el año.

'Sorry we missed you'. Ken Loach. Reino Unido
Que nunca deje de hacer cine Ken Loach. Pasan los años y hay pocos o ningún cineasta que refleje con tanto verismo los agujeros, cada vez más abismales, del sistema capitalista. Loach siempre será el cineasta de los de abajo y demuestra una vez más que con ‘Sorry we missed you’ que su conciencia social está intacta. En esta ocasión pone en el punto de mira la precarización laboral a la que aboca la uberización progresiva de la economía. El resultado no puede ser más desolador. Loach, como representante de esa gente a la que retrata, está abatido.

'All is true'. Kenneth Branagh . Reino Unido
Despliegue de buen hacer. Película compacta que le permite a Branagh regresar a su territorio. Los últimos días de la vida del bardo es una osadía que toma partido por aquellos rumores sin respuesta y les da consistencia. Reunión de interpretaciones soberbias. Grandísima película que merece reconocimientos oficiales, quizá así se le promocione como debe.

'An elephant sitting still'. Hu Bo. China
Testamento fímico de un director virtuoso en el manejo la técnica y el ritmo. Todo sucede en un día y a través de varios personajes se asiste a la decadencia y a la asfixia. Genialidad valiente. Matrícula de honor.

'El escritor de un país sin librerías'. Marc Serena. España
Hay una deuda histórica de España con su antigua colonia africana, Guinea Ecuatorial. Que está lejos de saldarse y de que no hay demasiado interés puesto en ello da pistas este documental. Años de infame y anacrónica dictadura traspasan la historia que ejerce de núcleo central, la de Juan Tomás Ávila, escritor en el exilio que vuelve a sus orígenes por unos días coincidiendo con los fastos casposos del aniversario del dictador Obiang. La literatura es solo la excusa para retratar un país que no tiene librerías, pero que sobre todo no tiene libertad. La banda sonora, encabezada por las canciones de Negro Bey, acompaña a la perfección.

'El silencio de otros'. Almudena Carracedo, Robert Bahar. España
 Aunque saltó a primera plana en 2018, no fue hasta el año siguiente cuando pasó por los cines este documental de lucha y reivindicación. 2019 fue el año en el que murió una de sus protagonistas, Ascensión Mendieta, que con más de 90 años seguía buscando los restos de su padre, desaparecido durante los años de dictadura. Lo consiguió y en junio pudo dar entierro a Timoteo Mendieta. La suya es una más de las historias que retrata con emoción el legado del franquismo, pasado que todavía pervive y duele en el presente.

Series:

'The virtues'. Shane Meadows. Channel 4
Inmenso trabajo repleto de osadía. Dirección, guion y reparto deslumbran en una historia tan cruel como necesaria para encontrar respuestas. Un hallazgo.

'Doom Patrol'. Jeremy Carver. HBO
Primera temporada de una serie que no ha hecho mucho ruido. Divertidísima, a veces esperpéntica y absurda, con mensajes antisistema y un villano grotesco. Una banda de superhéroes a la fuerza que no saben muy bien como salir del paso para salvar el mundo. Todo regado con una magnífica banda sonora.

'Así nos ven'. Ava DuVernay. Netflix
El sistema judicial en Estados Unidos siempre en entredicho. La historia de los llamados cinco de Central Park es una cicatriz que todavía duele, el retrato muy duro, a veces inaguantable, de una injusticia mantenida a lo largo de décadas y con un tufo inevitable de racismo estructural y clasismo.

'Watchmen'. Damon Lindelof. HBO
La serie que recoge el espíritu de la novela de Moore y la sitúa décadas después. Un guión sobrio que sabe manejar las sorpresas. Una reflexión sobre el ascenso del fascismo, el racismo y el autoritarismo.

'Umbrella Academy'. Netflix
Otra de superhéroes disfuncionales con magnífica banda sonora. Tras la muerte del autoritario padre vuelven a reunirse los cinco hermanos distanciados . Quizás una de las parejas de villanos más memorable muchos años. A destacar los numerosos homenajes a escenas reconocibles del cine.

'Years and years'. Russell T Davies. HBO
El futuro ya está aquí. Populismo y fake news, transhumanismo, crisis económica y migratoria, vuelta a los autoritarismos, uberización de la vida. El relato de una familia que ve como la democracia se hunde como si les pasara a otros.