martes, 22 de mayo de 2012

'LA LOBA'. No se puede ganar siempre

CRÍTICA DE TEATRO

'La loba'
Autora: Lilian Hellman
Dramaturgia y dirección: Gerardo Vera
Compañía: Centro Dramático Nacional
Teatro María Guerrero de Madrid. Hasta el 10 de junio

Asombra la rentabilidad artística adquirida a lo largo del siglo XX por el sur de los Estados Unidos convertido en auténtica realidad cultural por el cine y, sobre todo, la literatura. Autores como Tennesee Williams y William Faulkner se han erigido, entre otros, en portavoces de un estado de cosas muy vinculado a esta zona del país americano, aunque resulta indudable que la llaga a la que apuntan se puede rastrear en otros lugares del mundo (máxime en un tiempo en que el liberalismo más desatado se ha impuesto como modelo casi único de la relaciones laborales, políticas y financieras). En este sentido, hay que aplaudir la decisión de llevar a la escena 'La loba', de Lillian Hellman, obra de sobras conocida por su versión cinematográfica gracias a la memorable interpretación de Bette Davis.

El texto condensa, en realidad, gran parte de los motivos convencionalmente asociados al sur americano: decadencia material y moral, grandes diferencias sociales, explotación laboral, etc. Pero 'La loba' constituye, sobre todo, un alegato contra la injusticia y el enriquecimiento conseguido por medios ilícitos -el abuso y el engaño, principalmente- pero es, de manera especial, una denuncia de la gran ruindad moral que vuelve a unos seres humanos insensibles frente al sufrimiento de los demás. Ese es el gran pecado de la familia Hubbard o, para ser más precisos, de una parte de sus miembros, puesto que la autora traza una línea muy nítida entre los que defienden a capa y espada el derecho a enriquecerse al precio que sea –como Regina, Ben, Oscar e incluso Leo, el hijo de este, además de William Marshall, el rico empresario- y los que no están dispuestos a transigir con tales desmanes como James Hiddens, el marido de Regina, Alexandra, su hija, Birdie, la mujer de Óscar, y Addie, la criada negra (el eterno enfrentamiento del bien contra el mal).

El montaje apuesta por la sobriedad en el decorado y una interpretación que huye de las estridencias, aunque sin renunciar a lo que exige una historia donde chocan posturas muy antitéticas respecto de la existencia y la relación entre los seres humanos. En el reparto destacan sin duda Nuria Espert en el papel de Regina, Héctor Colomé en el de Benjamín Hubbard, Víctor Valverde en el de James Hiddens y Jeannine Mestre en el de Birdie, aunque que el resto mantiene también un buen nivel. Hay que agradecer una vez más al Centro Dramático Nacional el acierto en la elección de una obra que, más allá del tiempo de su producción, logra conectar con la sensibilidad del espectador de hoy.

ANTONIO GARRIDO DOMÍNGUEZ

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