miércoles, 2 de mayo de 2012

'LA PIEL EN LLAMAS'. Bombas de fogueo

CRÍTICA DE TEATRO

'La piel en llamas'
Autor: Guillem Clua
Dirección: José Luis Arellano
Escenario: Teatro María Guerrero (Madrid). 2 de mayo de 2012

La obra escrita por Guillem Clua juega en un terreno ya conocido. Los lugares comunes que enuncia no sorprenden y las supuestas sorpresas se vuelven demasiado previsibles, hecho que va en contra de un clímax final que nunca llega porque ya está resuelto. Los giros, las vueltas en el papel de quién es el dominador de la situación, los premios, los engaños, las bombas, las enfermedades, las curas milagrosas… de acuerdo que son los elementos que deben regir en los países conflictivos –similares al imaginario que refleja la obra- pero ni el texto ni la puesta en escena logran dar ese matiz que dote al espectáculo de ese “no sé qué” que lo convierta en especial.

En las propias intenciones están las resoluciones de los conflictos. Todo son trucos y vueltas para conseguir objetivos, ya sean sexuales o económicos o  un mero afán de notoriedad. El único personaje coherente con una línea fija y brutal es el de Ida –interpretado magistralmente por Helena Castañeda- que no da respiro a cada acción que acontece y que tiene como telón de fondo a una hija que no tiene más esperanzas que las que ofrece un diplomático que busca consuelo sexual. La opción de Jose Luis Arellano por mostrar un sexo tan palpable como real –no sólo desnudos, sino también un acto de cópula con puesta de condón o sodomización- no tiene ninguna fuerza más que la de satisfacer a algún ‘voyeur’, pero aún así, las acciones de Helena Castañeda son tan reales que consiguen que la función se mantenga por tal bravo esfuerzo. No están a la altura los demás interpretes. Alcobendas –como fotógrafo premiado- salva su personaje, pero tanto Chani Martín como Marina Seresesky no consiguen levantar las acciones de unos personajes que resultan tan planos como estáticas sus interpretaciones, por lo que el engranaje de mentiras en el que están envueltos no puede concretarse en algo resolutivo. 

‘La piel en llamas’ dispara sin ánimo de herir a lo largo de una hora en la que el intento de evocar imágenes son sólo flashes de una cámara sin carrete.

IVÁN CERDÁN

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