martes, 12 de junio de 2012

'1599. UN AÑO EN LA VIDA DE WILLIAM SHAKESPEARE'. James Shapiro




CRÍTICA LITERARIA

'1599. Un año en la vida de William Shakespeare'
Autor: James Shapiro
Editorial: Siruela
Páginas: 458



El libro que ha escrito Shapiro ha de ser un referente sin lugar a dudas en cualquier acercamiento a la obra de Shakespeare. El autor, al igual que Bryson, emplea un lenguaje llano que hace asequible su lectura. Sus razonamientos son claros y no llevan a equívoco alguno. Su precisión tampoco juega a especular, conoce lo que desea narrar y lo pone en manos del lector con destreza. No busca una aparente notoriedad, tampoco juega a ser un gran descubridor –como podemos apreciar en otras biografías sobre el autor-, sino que se centra en un trabajo minucioso y muy ordenado.

El prólogo es ya una carta de intenciones muy eficaz, conoce los aspectos en los que el libro puede resultar más árido y da las claves para no caer en el desánimo. Se aprecia que la docencia es uno de los puntos fuertes del escritor, todo está expuesto con claridad, sabe ir a aquello que interesa sin utilizar la palabrería que únicamente busca rellenar espacios. La idea de centrarse en un año concreto resulta muy original, y más, si atendemos al hecho de la productividad de ese año - pese a que a Shakespeare se le ha considerado como un escritor poco prolífico-.  

Shapiro va a lo concreto, pero a su vez, todo lo que relata tiene unas dimensiones gigantescas. El abarcar un año en la vida de una persona puede llevar un número indeterminado de páginas, no olvidemos el 'Ulises' de Joyce para describir un solo día. En el caso de Shakespeare, 1599, resultó ser un año muy fructífero en el que escribió 'Enrique V', 'Como gustéis', 'Julio César' y 'Hamlet'. Una de los hechos más destacables que tiene el libro es el saber reflejar el proceso de creación conjuntamente a las revueltas sociales, culturales, políticas y religiosas que se dieron. Es éste el marco cultural en el que Shapiro desarrolla su hipótesis sobre el proceso de creación, a su vez admite que pueden existir ciertas conjeturas. Esto también conecta con el libro de Bryson, por los pocos datos que realmente se conocen de su vida, no obstante lo que se propone resulta del todo innovador: aclara lo que supone ese Londres de final del S XVI, todo despliega un aroma al fin del reinado de Isabel I.

Toda la primera parte –fundamentalmente los dos primeros capítulos- del libro puede resultar algo más árida debido a su necesaria introducción histórica. El hecho de comenzar así tiene una clara explicación que no es otra que el situar la época de Shakespeare y que se esclarezcan muchos de los puntos que han influido en la elaboración de sus obras.
La primera obra que trata es 'Enrique V': todo avanza con un ritmo vertiginoso debido a las aclaraciones que se han llevado a cabo en los primeros capítulos. Desde el propio prólogo de la obra, Shakespeare ya está realizando una teoría sobre el teatro cuando pide al público a través del coro, un esfuerzo “… cuando hablamos de caballos, imaginad que los veis”. El drama fracasará sin ese esfuerzo imaginativo “ved un ejército con los ojos de la imaginación”. Esto, propiamente dicho, puede haber servido para ser una base más que efectiva en la figura de Peter Brook o Grotowski.

Shapiro da la clave para comprender la obra que no es otra que entender que la base de la misma reside en el hablar de la guerra en su totalidad, al contrario que se hacían en otros libros sobre Enrique V en el que todo consistía en retratar las victorias –sin perdidas- del rey. Shapiro insiste en ese carácter real que refleja Shakespeare. No hay duda de que esta obra es también parte del reflejo de las grandes lecturas que Shakespeare había hecho de Plutarco en sus relatos sobre grandes hombres griegos y romanos. A lo largo de todo su discurso, Shapiro no duda en ofrecer todo tipo de detalles que suceden en paralelo entre la obra y la vida social del momento, sirva como ejemplo la famosa arenga del día de San Crispín y su relación directa con el discurso que realizó Andrews.
 
La segunda pieza es 'Julio César': en ella el lector es consciente de que ninguna obra de Shakespeare explora la censura y el silenciamiento de manera tan profunda. Se demuestra el interés de Shakespeare por la situación política del momento. No hay que olvidar que durante la redacción de la obra hubo un número bastante elevado de atentados contra la vida de la reina. Shakespeare, a la vez que ofrece persuasivos argumentos a favor del tiranicidio en los primeros actos de la obra, muestra en los últimos el derramamiento salvaje de sangre y la crisis política que, podía servir como ejemplo de la historia inglesa. Todas estas disertaciones las relaciona con el pasado del propio Shakespeare; esto no lleva a ningún error, Shapiro es muy ordenado en su exposición y en ningún caso lleva a la confusión. Su tesis radica continuamente en demostrar la influencia de la sociedad y sus avatares en la obra del escritor.

La siguiente obra que analiza es 'As you like it': obra que se sitúa en un lugar bastante destacado por todo aquello que aportaba como elementos nuevos y destacados. Los análisis de Shapiro a la vez que son concienzudos resultan sencillos en su comprensión, nunca pretende estar por encima de lo que analiza y sus aseveraciones están perfectamente contrastadas con los datos que prueba continuamente. Demuestra que Shakespeare consigue crear una relación tan compleja emocionalmente que el amor parece auténtico, aun cuando, paradójicamente, lo hace levantando y derribando convenciones literarias. Se basa en el contrario que 'Romeo y Julieta', en 'As you like it' la intensidad es un obstáculo. Ofrece un continuo choque de realismo. La obra no gozó de buena suerte. Es probable –como sostiene Shapiro- que esto se debiese a aquellas demandas tan novedosas que incluía la obra y que el público posiblemente no estuviese preparado para asimilar. Por eso se la considera como una obra que se adelanta a su tiempo.

Indudablemente, Shapiro hace una valoración de las fuentes que utilizó Shakespeare y cómo le sirven para “adaptarla” –no sin suprimir esa nostalgia que siempre ejerce fascinación en el autor- a esa situación en la que convive y que a su vez podía resultar tan palpable para el público. Sigue un orden común en cada obra, pero a su vez no resulta reiterativo, sino más bien aclaratorio y sencillo a la hora de comprender el método de una época.

Hay pequeñas referencias a las preferencias sobre a quién debió dar el papel de Rosalinda. Se da importancia al hecho, dado que el papel tenía más texto que el de Cleopatra. Aunque no se dice nada al respecto  si se deja entrever algunas de las preferencias sexuales que podía tener Shakespeare, pero eso es algo que no resulta tan relevante, aunque si curioso en la apuesta del autor inglés dependiendo de a quién estuviese destinado el protagonismo de una obra.

En la obra también -insiste Shapiro- se puede ver paralelismo entre el argumento y la vida del propio Shakespeare, al jugar continuamente con la tensión entre lo real y lo romántico. Llama la atención que un autor como Shakespeare viviese con contradicciones semejantes, un escritor que era capaz de adornar los relatos históricos de un modo tan brillante, al tratar su pasado no había vez que no se lo inventase sobre la marcha –salvo en contadas ocasiones, supuestamente, claro está-.

A Shakespeare le costó asimilar lo que estaba sucediendo y transformarlo en arte. Posiblemente esta fue la idea que tuvo para situar a dos soldados en donde uno de ellos ni siquiera sabe por qué se monta guardia y se pregunta si alguien podrá explicarle los preparativos militares que tienen lugar a su alrededor: sin ir más lejos, éste no es otro que el principio de 'Hamlet'. Los tiempos se pueden considerar que estaban fuera de sí, existen muchas amenazas y a su vez resultan inciertas. Con esas primeras líneas es fácil que consiguiese estremecer al espectador por verse tan cercano a todas aquellas dudas. 

Al adentrarse en Shakespeare deja muy claro los orígenes de la obra, ofrece unas similitudes con sus fuentes que en absoluto desmerecen su labor creativa. Se aprecia la evolución del propio autor como creador, se insiste en la habilidad que tiene para crear monólogos interiores muy conmovedores, mientras que pocos meses atrás, como en 'Julio César', no resultaban igual de efectivos-. Es el creador de la introspección a través del monólogo interior, que a su vez, le ayudará y dará forma en obras posteriores como 'Medida por medida' y 'A buen fin no hay mal principio'.

Diferenciando 'Hamlet' de las anteriores obras, se detiene en lo que supone su redacción, su extensión y las versiones que realizó de la obra, eso sí, de nuevo no sentencia nada, sino que da su opinión sobre lo que debió suceder con los cambios de una versión a otra y a partir de ahí desmenuza las circunstancias, los paralelismos, las incertidumbres y la recepción.

James Shapiro logra un resultado absolutamente satisfactorio e innovador en todo el ámbito shakesperiano. Podríamos decir que da un capón a Auden u Harold Bloom en todo ese rigor que someten a su antojo. El libro de Shapiro tiene validez tanto en el campo académico como en el del “espectador” que busca encontrar a Shakespeare sin sentirse aturdido por mentes supuestamente lúcidas.
 
IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

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