domingo, 17 de junio de 2012

'COROLIANO'. Fragmentos interruptus




CRÍTICA DE TEATRO

'Coriolano'
Autor: William Shakespeare
Versión y dirección: Álex Rigola
Escenario: Teatro Salón Cervantes (Alcalá de Henares). 16 de julio de 2012




Rigola ha adaptado con éxito varios títulos de Shakespeare –'Tito Andrónico', 'Julio Cesar', 'Ricardo III'- sabiendo introducir su mundo en el conglomerado del inglés, suprimiendo ciertas partes del original sin que éste se viese perjudicado o añadiendo otras que nunca estaban fuera de lugar. En el caso de 'Coriolano –hacen muy bien en señalar que es una adaptación libre, con eso ya parece que se salvan de la quema- todo se transforma en pequeñas escenas desunidas que llevan a equívoco al espectador que pueda pensar que lo que está viendo se parece al texto original. La poda que ha hecho Rigola es excesiva y no tiene por dónde agarrarse porque todo se vuelve frágil y las motivaciones de los personajes brillan por su ausencia.

Con su montaje de 'Julio Cesar' de fondo, el 'neón' en vez de poner Roma pone Democracy –  no tiene mucho sentido por el resto de la escenografía que el cartel parezca una atracción de feria, quizá sea para justificar gastos de escenografía- y los actores uniformados con trajes –unos con corbata, otros no-  y sentados sobre ocho sillas que mueven según sea la necesidad del momento, ofrecen muy poco de la problemática real que plantea el texto. Muy influenciado por Brecht, Rigola sitúa al espectador como si fuese el propio pueblo de Roma, pero éste se encuentra tan perdido que no sabe dónde situarse porque le falta demasiada información.

La interpretación de Joan Carreras –Coriolano- es buena, pero el arco del personaje no varía, por lo que en el aspecto emocional no hay ningún doble posicionamiento ante su figura; han buscado que se sienta siempre afecto por sus actos, grave error de concepción. No ayuda tampoco nada que Volumnia aparezca en el espectáculo como una mera acompañante y no como esa madre capaz de llevar al poderoso Cayo Marcio –Coriolano-  a dónde ella desea mediante sus chantajes emocionales –en esta obra algo crucial en casi todos los personajes-; y más con una actriz con tanto talento  como Mercé Aránega.  Del mismo modo, no existe la figura de su enemigo Tulo Aufidio –por mucho que lo ponga en el programa de mano- y claro, eso es otra deficiencia porque no hay una solución con peso para resolver el problema -¿cómo son ellos dos, se odian, se respetan?-.

Hay muy poca exaltación en cada acto. Es demasiado reflexivo y no se entiende por todas las cuestiones que se ponen en un tapete cada vez más confuso. El hecho de utilizar unos llamativos guantes rojos o katanas no consigue que se dinamice nada ni que aporten las coreografías o la canción que cantan juntos.

Es posible que Rigola conozca muy bien el texto pero ha dado tantas cosas por sabidas que su adaptación naufraga a la deriva sin posibilidad de llegar a buen puerto. La idea del escenario desnudo era un buen propósito, pero también queda desdibujado. El trabajo de los actores es bueno –alegría inmensa de volver a ver sobre las tablas a una reflexiva Alicia Pérez- pero pelean en un marco donde no hay mucho que sacar y no por su estatismo –que no es mala idea- sino por el bosquejo de palabras en el que han tenido que moverse.

Le falta mucho a este 'Coriolano' para ser recordado, por momentos parece el resultado de un encargo que tenía que estrenarse y  durar poco más de una hora para así ser vendido a festivales… y eso es muy injusto para todos.

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

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