lunes, 1 de octubre de 2012

'ATRAPADOS EN CHERNÓBIL'. Nos vamos de excursión

CRÍTICA DE CINE

'Atrapados en Chernóbil' (Brad Parker. Estados Unidos, 2012. 85 minutos.)

Oren Peli lleva tiempo dando que hablar. Ya sea en labores de dirección, guión o producción, se le puede considerar una de las fuerzas emergentes en el depauperado género de terror, quizá el líder de una generación a la que todavía falta por poner demasiados apellidos. Peli sabe generar atmósferas, aguantar la tensión. No abusa del susto gratuito y conserva hábilmente el efecto sorpresa hasta casi la taquicardia. Hizo techo rápido con 'Paranormal activity' y ahora, ya con un cómodo colchón económico a sus espaldas, se lanza al cuello de todo proyecto que le motive.

El último es 'Atrapados en Chernóbil', un producto que alarga la estela dejada por Eli Roth en 'Hostel'. Peli es el autor de un guión que dirige con aires funcionariales el casi novato Brad Parker. 'Atrapados en Chernóbil' pasaría desapercibida si no fuera por el contexto y el escenario en el que se sitúa. Dejando al margen la conveniencia ética de pasar esta tragedia tan reciente (un cuarto de siglo) por semejante filtro, la realidad engulle por completo el interés de este producto que no deja de ser alimento de consumo rápido para adictos a bordear la frontera entre realidad y ficción.

Todo se diluye sorprendentemente tras los primeros cuarenta minutos, cuando la sobrecogedora inmensidad del escenario cede el protagonismo a los clichés que atormentan, leyendas urbanas y teorías de la conspiración incluidas, a este tipo de productos. Hasta ese instante, 'Atrapados en Chernóbil' daba con la fórmula: eficaz presentación de personajes, tan odiosos como manda el cánon, un secundario con gancho -el ruso ex militar-, una imagen impactante -la noria abandonada- y, fundamentalmente, la habilidad de generar tensión sin la necesidad de ser explícito.

El cambio de ritmo sufrido a mitad de metraje desconcierta. El suspense muta en el clásico terror adolescente de persecuciones y los personajes vuelven a ser prisioneros de decisiones inexplicables. El potencial que se intuye en determinadas escenas (el cementerio de coches) apenas se explota y todo se limita a ir viendo caer a los componentes de la excursión, una mezcla de mochileros abonados al porro y estadounidenses pijos sacados de las últimas películas de Woody Allen. Su viaje al encuentro de la radioactividad y algo más prometía mayores emociones, aunque viendo como está en general el panorama del terror, 'Atrapados en Chernóbil' contamina menos de lo esperado.
 
RAFAEL GONZÁLEZ
 

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