jueves, 4 de octubre de 2012

'LA VIDA ES SUEÑO'. La clase magistral de Joaquín Notario


CRÍTICA DE TEATRO

'La vida es sueño'
Autor: Calderón de la Barca
Versión: Juan Mayorga
Dirección: Helena Pimenta
Teatro Pavón (Madrid). 26 de septiembre de 2012

Helena Pimenta no se ha andado por las ramas en su puesta en largo como directora del CNT y ha elegido unos de los títulos por excelencia del teatro español. Siguiendo extrañas tendencias actuales ha optado por Blanca Portillo para interpretar a Segismundo, consiguiendo así llamar la atención y asegurarse la taquilla. El reclamo que provoca la actriz es una apuesta segura y por el momento lo va consiguiendo tras su exitoso paso por festivales veraniegos como Almagro.

El montaje es una mezcla de lo clásico con lo novedoso y está repleto de buenas decisiones –también las hay sospechosas-, como son la iluminación y la música en directo que siempre acompaña bien, creando atmósferas y aportando una ayuda contundente en las transiciones.

En lo que resulta absolutamente brutal es en la lección que imparte Joaquín Notario sobre las tablas en el papel de Basilio. Posiblemente sea una de las mejores interpretaciones –junto con la de Carlos Álvarez-Nóvoa haciendo de Max Estrella- que se han visto en Madrid en los últimos años. Su forma de recitar el verso es prodigiosa. La naturalidad en cada una de sus acciones muestran a un ACTOR que con cada movimiento entrega un sinfín de matices que hacen que el montaje por momentos brille a gran altura. La eterna pregunta es: ¿por qué Notario no se prodiga más en el cine?

Hay demasiados guiños a la galería que realmente no aportan nada, como puede ser la imagen de Segismundo colgado de una cuerda. Es efectista pero poco más. Puede ser que Pimenta vaya mostrando sus cartas sobre el tipo de montajes que se podrán ver, bienvenidos sean si pueden aportar algo y no quedarse en planteamientos simplemente efectistas. 

David Lorente crea un Clarín eficaz sin ser cansino, al igual que Marta Poveda en su Rosaura, que aunque resulte un poco gritona por momentos, siempre sale airosa en todos sus roles. Blanca Portillo es efectiva como Segismundo, cuando tiene que ser salvaje lo es. Es muy sincera en su trabajo y los objetivos del personaje están perfectamente mostrados, pero el hecho ser mujer –aunque su aspecto un tanto andrógino le ayude a simular ser un hombre- no consigue que las escenas que mantiene con Rosaura o con Estrella resulten plenamente creíbles, sino que formarían parte de cierta impostura que no acompaña al ritmo del montaje, que si bien tiene unos primeros noventa minutos casi frenéticos, hacia la parte final se ralentiza demasiado.
 
Esta tendencia de cambiar de sexo a su protagonista entraña riesgos porque, o bien no se tiene el suficiente arrojo de cambiar el sexo a todo el elenco, o las justificaciones no se sostienen y es difícil mantener el pacto con el espectador. Quizá habría que fijarse en el Globe Theatre y asistir al excelente trabajo que realizan con los elencos en los que lo mismo hay repartos sólo masculinos que femeninos o mezclados y que jamás ofrecen dudas sobre sus motivaciones.

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

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