martes, 9 de octubre de 2012

'MARTES, DESPUÉS DE NAVIDAD'. Nostalgia cotidiana



CRÍTICA DE CINE

'Martes, después de Navidad' (Radu Muntean. Rumanía, 2012. 96 minutos)
 
La nueva hornada de cine rumano está calando en Europa de un modo hondo y ya -¡por fin!- se está teniendo en cuenta  a una producción que sin duda alguna está atravesando su momento más dulce, como bien demuestra la película dirigida por Muntean.

Escribía Botho Strauss que un divorcio penetra hasta el núcleo de la angustia para resucitarla. En ´Martes, después de navidad´ el director y co-guionista ha optado por una historia equilibrada en la que los engaños, las entregas, las verdades, las pasiones y el paso del tiempo, se enlazan sin que todo huela a impostado. Desde la primera escena queda clara su apuesta por planos muy largos –casi la totalidad de ellas en plano secuencia- en las que los actores se sienten relajados y la cámara no busca grandes lucimientos, simplemente acompaña en la intimidad y no adultera.  

Fundamentalmente la trama se centra en Paul, un hombre que se encuentra en la encrucijada de la elección. Sin saber cómo, se ve envuelto en una relación que le ha absorbido unos sentimientos que cada vez comienza a tener más claros. La película comienza justo en el momento en el que ya la relación con su amante está más que estabilizada. Su vida conyugal no parece atravesar dificultades aunque algo no cuadre, ¿el qué?, no importa, quizá el propio Paul tampoco lo sepa. De lo que sí es consciente es de su culpa, o cuanto menos, del autoengaño, con el que ya le resulta imposible convivir. Las conversaciones cotidianas reflejan que  su vida es equilibrada. Tanto él como su mujer poseen empleos notables –él en la banca y ella juez- , también la amante tiene buen trabajo –dentista-. Esto es un paso adelante, por lo general siempre las historias rumanas que nos llegan son de clase media baja. ¿Qué le ocurre a Paul? En una escena fantástica en la que masajea los pies de su mujer, asistimos por medio de sus expresiones a lo que es su vida, no se necesitan palabras. Nadie quiere o deja de querer en un día, el problema viene al asumir esos sentimientos.

No hay gritos, el ritmo lento permite que el espectador asista a ese grado de angustia al que puede llegar el protagonista porque sabe que se encuentra en una encrucijada de la que sólo podrá salir cuando tome una decisión y no se esconda. Hay mucha verdad en las interpretaciones y no hay ninguna secuencia que resulte impostada: impresionante las que suceden en la cocina y el salón cuando Paul habla con su mujer. Todo tiene una continuidad muy cercana al teatro, pero a su vez, pese a que todo está muy ensayado, llega con la suficiente frescura para que se aprecie vivo y que las emociones salgan airosas.

La fotografía sabe acompañar, ilumina la complicidad, la pasión, el cariño, la rutina… se adentra en cada personaje y en cada ambiente con la serenidad que requiere el momento.

Radu Muntean dirige una película eficiente, emotiva –sin caer en sentimentalismos absurdos- y certera, veremos cómo evoluciona.
IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

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