sábado, 19 de abril de 2014

'OCHO APELLIDOS VASCOS'. Elejalde, un tesoro en el vacío



CRÍTICA DE CINE


'Ocho apellidos vascos' (Emilio Martínez-Lázaro. España, 2014. 98 minutos)

El cine español está enfermo. Sus problemas no están motivados por la falta de talento pero sí, en mayor medida, por los distribuidores y productores que se encargan de recordar que el cine es un negocio sin más. Que una película como ‘Ocho apellidos vascos’ haya batido todo tipo de plusmarcas en recaudación es algo que no invita al optimismo y sí a la decepción y depresión sobre el devenir artístico y creativo de la industria cinematográfica del país. Nuevamente, por encima de que las películas tengan calidad o no, está la realidad de que resulta más beneficiosa la inversión en publicidad  que el propio producto.

En los principios de su carrera Woody Allen, consideraba que una buena película era aquella que consistía en una acertada  sucesión de gags. En aquellos tiempos, con  los de ‘Toma el dinero y corre’ y Bananas’, por citar dos ejemplos, lo consiguió. La risa era continua y todo funcionaba por encima de los méritos cinematográficos. 'Ocho apellidos vascos' juega a emular programas de humor de un modo pretencioso. Martínez-Lázaro realiza una película en la que su trama es tan poco graciosa como mal construida. 

El director, con grandes éxitos a sus espaldas como ‘Amo a tu cama rica’, no logra sacar partido a ninguna de las virtudes que pudo tener en otra época. No tiene materia prima para consolidar una finalidad loable a su función y eso se enfatiza aún más con una selección de planos tan poco afortunada como intrascendente. En este despropósito no faltan los planos aéreos para marcar la triste cuestión del poderío presupuestario.

El aspecto interpretativo es discontinuo. Dani Rovira resuelve su papeleta de monologuista. Clara Lago interpreta supuestamente a alguien de un pueblo  cerrado de Euskadi, tanto que se le ha olvidado que allí tienen acento  marcado y que en ella brilla por su ausencia. Carmen Machi, con el sello de Aida a sus espaldas, intenta sacar adelante su personaje sin emplear la gran mayoría de sus dejes anclados en la serie. No obstante, pese a ser una actriz con potencial, únicamente en ‘La mujer sin piano’ se le ha visto despojada de los tics que la acompañan. Ni siquiera sobre las tablas ha conseguido no recordar a su heroína televisiva. Karra Elejalde, maravilloso actor, vuelve a dar una lección. Su personaje es exagerado en todos los sentidos, pero consigue integrar a la perfección esa desmesura sin que por ello su parodia quede ridícula. Karra es un actor tan impresionante que da gusto verle salir victorioso de cualquier envite que se proponga.

El aspecto técnico tampoco sale muy bien parado. El croma empleado parece que busca la parodia por lo evidente que es. La fotografía tampoco intenta buscar un leguaje, simplemente ilumina sin matizar. Tener a Ángel Hernández-Zoido en el montaje le debe mucho al ensamblaje de la película, no hay duda.

‘Ocho apellidos vascos’ no ofrece nada más que lagunas y humor de chascarrillo para llegar a ser una inconsistencia sin ritmo. Aunque las respalde la taquilla, es definitivamente una pena que el cine español se refugie en películas así.

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

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