domingo, 4 de mayo de 2014

'THE AMAZING SPIDER-MAN 2: EL PODER DE ELECTRO'. Hombre-araña a la deriva



CRÍTICA DE CINE


'The Amazing Spider-Man 2: El poder de Electro' (Marc Webb. Estados Unidos, 2014. 142 minutos)

Marc Webb sigue naufragando en la encrucijada de dotar de sentimientos al trepamuros. Esta segunda entrega es aún menos acertada que la primera. Las dudas de Peter  Parker y el remontarse a su pasado para dar sentido a su presente rezuma pretensión vacua: ¿realmente pretende hacer creer que el único que podía ser Spiderman es Peter Parker? Reinventar orígenes puede dar sus frutos. En este caso no ocurre así, lo que consigue una vez más es difuminar lo que podría haber sido una relectura a cargo de un director con talento.

El infantilismo que rodea a la película es peligroso. No parece ser  ni un producto para el púbico infantil ni mucho menos para aquel que sigue los cómics. Quedarse en medio de ningún lugar reconocible resta puntuación a la franquicia, aunque ya se haya anunciado la tercera entrega.

El aspecto de los villanos es ridículo. Electro es un personaje que es tratado como una nada que únicamente  pretende dejar constancia del empleo de medios digítales. La historia no ofrece ninguna lucha interesante ni enuncia más que ridiculeces envueltas en telas de arañas. Es una pena que no se haya ofrecido un contrapunto más interesante en la figura de Harry Osborn. Dane DeHaan es un actor notable y refleja desde la mirada ese mundo oculto y enfermizo que puede llevar consigo  el duende verde. Se quedan a medio camino en esa intención, lo han enunciado, dando pistas sobre la temática de la tercera entrega más que para esta la actual, quedaría en el limbo.

No hay fogosidad en el dueto protagonista. Emma Stone y Andrew Garfield podrían haber tenido frases más emotivas y no las que pronuncian, tan cercanas a lo melodramático con toques del ‘Titanic’ de Cameron. Es una pena que se hayan alejado de aspectos de la historia de Gwen Stacy, y de lo que conlleva su resolución y el devenir de unos acontecimientos tan severos como reveladores para la personalidad del hombre arácnido. Esas opciones nunca van a favor de una película que se sumerge en un conglomerado arrítmico e inconstante que no profundiza en las lagunas emocionales. De nuevo todo es sencillo, tan fácil que provoca la sonrisa. Las claves no tienen misterio. Los desajustes argumentativos minan el devenir de un superhéroe al que reinventan sin originalidad.

Metraje largo aunque de fácil visionado. ¿Por qué nadie se  atreve a reinventar aportando algo bueno de verdad? ¿Acaso no se puede adaptar ‘Spiderman Noir’ –situado en 1929- más que indagar en aventuras  inexistentes? La máquina de hacer dinero que implican las películas de superhéroes se está olvidando de que el calado de las mismas ha de empezar por las historias que se cuenten y no por una tecnología distante, abrupta y disuasoria ¿Acaso buscan videojuegos en 35mm? No hay duda, esa ha de ser la respuesta o sino que vuelva Nolan a sacar partido a un personaje enmascarado.

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

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