lunes, 18 de agosto de 2014

'ÁFRICAS'. Bru Rovira



CRÍTICA LITERARIA

'Áfricas'
Autor: Bru Rovira
Editorial: RBA
Año: 2006
Páginas: 184



Periodismo y guerra. África y muerte. El mes de abril de 1994 se desató en Ruanda, el país de la mil colinas, en el centro del corazón del continente, el mayor genocidio desde la Segunda Guerra Mundial. En poco menos de cien días murieron más de 800.000 personas, la mayoría a machetazos.

Europa dio la espalda al conflicto. Sólo se movió para sacar a sus ciudadanos. La orden era no intervenir militarmente. Que se mataran entre ellos, pero ni un rasguño a los compatriotas. Unos pocos estuvieron allí para contarlo. Alfonso Armada lo hizo para 'El País'. Sus artículos empezaron a publicarse a las dos semanas de estallar la matanza. Bru Rovira es otro de los que ha estado allí. Varias veces. En el campo de batalla. Después los dos plasmarían su experiencia en un libro. Escribir para olvidar, para expiar fantasmas. Alfonso Armada publicó sus 'Cuadernos africanos'. En 2006 le tocó a Bru Rovira, reportero de 'La Vanguardia'. 'Áfricas' es el resultado de estrujar por la vía psicológica cuatro viajes por el continente.

El libro marcha de menos a más. Empieza la ruta por el inhóspito Sur de Sudán para acabarla en Ruanda, siempre Ruanda. Entre medias la tristeza de Somalia, el sinsentido de Liberia y un puñado de reflexiones personales lúcidas y excelentemente plasmadas, sin vanas pretensiones de heroísmo o grandilocuencia. Realmente aporta poco nuevo este 'Áfricas' respecto a la literatura de última hora generada sobre la penuria del continente negro. Responde más bien al intento del autor de convencerse a sí mismo de que lo que ha visto le ha cambiado. Que no es el mismo de antes. Que desconoce si se ha hecho más sabio o se ha convertido en un cínico y depresivo.

"Siempre habrá un antes y un después", escribe. 'Áfricas' es un conglomerado de anécdotas, reportajes y reflexiones personalísimas en carne viva. Directo y desesperanzador, duro, cruel. Porque nadie puede sentirse bien pensando que, no tan lejos, como acertadamente Rovira subtitula el libro, pasan esas cosas. 

RAFAEL GONZÁLEZ

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