miércoles, 14 de enero de 2015

'BIG EYES'. Burton, a medio camino


CRÍTICA DE CINE

'Big Eyes' (Tim Burton. Estados Unidos, 2014. 106 minutos)

Que los guionistas de la nueva aventura de Tim Burton fuesen los mismos que los de ‘Ed Wood’ presagiaba que el director californiano iba a realizar una excelente película que no tuviese la animación como único foco creativo. No ha sido el caso. Pese a contar con una historia poderosa, los mimbres para ensamblarla han sido insuficientes y finalmente se ha perdido por derroteros más propios del melodrama que de una trama sólida. Es posible que ciertos guiños a la comercialidad hayan tenido su culpa, pero es una pena que ‘Big Eyes’ no sea la magnífica producción que podría haber sido y que no es en absoluto.

Burton emplea una dirección muy correcta. Sabe la historia que tiene entre manos y no utiliza artificios impropios de una trama como la que se trae entre manos. Muestra un talento notable –no se dudaba del mismo- pero es una pena que la historia haga aguas.  Los subterfugios del matrimonio Keane son deliciosos para componer una película, todo es truculento, hiriente y embriagador. Las sombras que ciernen la creatividad son un punto a tener en cuenta. Los problemas vienen cuando los guionistas se centran en otros aspectos menos interesantes.

La interpretación de Amy Adams es dramática, elabora un personaje delicioso repleto de matices. Su expresividad nunca es desmesurada. Sus tonos, su sufrimiento, su verdad siempre está muy bien llevada y jamás obedece a un capricho que lleve acompañado el reconocimiento gratuito. Por el contrario, el gran actor Christoph Waltz realiza posiblemente una de las peores interpretaciones de su carrera. Su sobreactuación es tan exagerada que se pierde únicamente en aspavientos, muecas y diversas absurdeces que consiguen que la película descienda sin retorno. El dramatismo de Amy Adams contrasta con el bufonismo de Waltz -fundamentalmente en la escena del juicio que parece emular a Woody Allen en ‘Bananas’- y la pareja no logra navegar en una misma dirección.

La música de Danny Elfman es demasiado tramposa, su empleo no es honesto y juega con una partitura que parece ir en una dimensión paralela a la historia. Tampoco ayuda que el montaje juegue a la anticipación de momentos muy concretos, por lo que se pierde el posible impacto.

‘Big Eyes’ no levanta el vuelo y termina enajenándose en batallas sobre la legalidad, toscamente elaboradas y sin ritmo alguno. Burton lo ha intentado y ha salido derrotado, si bien es cierto que el norteamericano siempre tiene un as escondido, veremos cuándo lo saca.

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

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