lunes, 2 de febrero de 2015

'LA SESIÓN FINAL DE FREUD. Colosal Pedregal



CRÍTICA DE TEATRO

'La sesion final de Freud'
Autor: Mark St. Germain
Dirección: Tamzin Townsend
Teatro Español (Madrid). Hasta el 22 de febrero

El enfrentamiento dialéctico entre C.S. Lewis y Sigmund Freud es una joya para fabular, y más si Freud está a las puertas de la muerte. El cara a cara entre ambos es entretenido, mordaz y no carente de humor. La temática de la existencia de Dios y sus consecuencias puede resultar un tanto reiterativa, pero es ágil y sus exposiciones no pecan nunca de un intelectualismo didáctico o aburrido. El trasunto de la II Guerra Mundial es una curiosidad que les sirve para intensificar sus posiciones, sin que signifique algo demasiado relevante para el epicentro textual.

Helio Pedregal es el montaje en sí mismo. El texto pasa a ocupar un segundo lugar al contemplar un trabajo como el suyo. Su composición de Freud no tiene fisura alguna. Sus tonos, sus gestos, sus reacciones, sus miradas, sus toses y su carácter están defendidos en cualquier detalle de obra. Se dota a Freud de una humanidad que contrasta con ciertos escritos pero que Pedregal borda con excelencia. Eleazar Ortiz da vida a C.S. Lewis. Su composición es más clásica, sus tonos en ningún momento disimulan a un actor, sino que enfatiza cierta declamación que no ayuda a que se agilicen algunas partes del texto y el duelo interpretativo es muy desigual porque contrasta la naturalidad de uno con cierta exageración del otro y es imposible poder sacar un punto medio.

La dirección de Townsend es ágil y el movimiento que propone a los actores nunca es por falta de confianza en el texto, sino porque dinamiza las acciones. No insiste en ellas, es más, las que hay las repite una y otra vez. No hay que olvidar las costumbres de ese viejo Freud sin miedo a la muerte rodeado de su figuras.

La escenografía es sobresaliente y Ricardo Sánchez Cuerda consigue recrear la casa londinense de Freud. Están cuidados todos los detalles y eso consigue que exista una proximidad casi minuciosa al núcleo central del debate. La escenografía ayuda a comprender cómo es ese psiconoalista que reconoce perder puntos dialécticos pero que aún guarda su cólera y se mantiene firme en sus posicionamientos.

La duración de algo más de 90 minutos es algo elevada porque el ritmo decae en momentos. Quince minutos menos se hubiesen agradecido, pero también es cierto que se agradecen para disfrutar más del trabajo deslumbrante de Helio Pedregal.

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

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