miércoles, 1 de abril de 2015

'ALMA'. Campanas vacías


CRÍTICA DE TEATRO

'Alma'
Dirección y adaptación: Arturo Turón
Basado en 'Persona', de Ingmar Bergman
Producción: ES.ARTE (con el apoyo de Nada en la Nevera & Nave 73)

Cualquier texto de Ingmar Bergman es adaptable a teatro. Uno de los aspectos más interesantes que poseía el director sueco es que un alto número de sus escritos para cine se podían leer como novelas o notas –Carlos Saura hizo lo mismo con ‘Pajarico’ y ‘Goya en Burdeos’- que reflexionan sobre el estado interior de los personajes o situaciones. Esto queda patente, por poner unos ejemplos, en ‘La carcoma’, ‘Pasión’ y ‘Persona’. Sin entrar a comparar ambos medios o la obra y calado de ‘Persona’, Arturo Turón se queda en un terreno que no juega a ser algo compacto. No huye de la película y eso condiciona el montaje. Su comienzo injustificado de imágenes parece una extraña emulación y distancia a la historia.

Su puesta en escena imita a Lars Von Trier en 'Dogville' (2003), con líneas de pintura en el suelo que delimitan las estancias y simulación de apertura de puertas. El problema es que la acción no se mantiene lineal y su efecto pierde fuerza. Turón se olvida del texto de Bergman y toma como referencia la película, una pena porque el montaje cae en una dinámica un tanto irregular y no puede remontar el vuelo. Todo se difumina y no existe una fusión entre ambos personajes. Las razones de Alma y de Elisabeth se ven desnutridas por una pretenciosidad que roza el capricho y no ahonda en las heridas de dos personajes que luchan por renacer en unos instantes definitivos.

El trabajo de Rocío Muñoz-Cobo –excelente en su Lady Macbeth-  y Andrea Dueso no consigue ser convincente.  Las palabras suenan artificiosas y no se aprecia esa empatía de ambas. La búsqueda resulta exigua y su esfuerzo se ve condenado a quedar en terreno baldío. Es una pena que escenas como la borrachera o el enfado de Alma queden sin fuerza y edulcoradas. La dirección no aporta un camino que aclare. El video confunde, al igual que las coreografías en las que interviene Cristina Masson. No hay una unidad creativa salvo por la elección musical. Grandes temas que llenan esos instantes sin resolver.

Quizá el respeto a Bergman ha tenido mucho que ver para que ‘Alma’ no respire como bien podría haberlo hecho. Se agradece el arrojo del intento pero con los grandes textos siempre hay que ser valientes y Arturo Turón con este montaje no lo ha sido.

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

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