martes, 21 de abril de 2015

LO HICE POR TI, MANOEL


Fue en un cine del centro de Madrid, viendo la película ‘La caja’ (1994) cuando tuve mi primer impulso de dirigir una historia. Es posible que fuese antes, viendo alguna de Bond –siempre de Connery, evidentemente- que pensase en qué era eso de hacer películas. Algo tuvo que ser porque pedía a mi abuelo que me filmase con la Súper 8 haciendo piruetas extrañas. El visionado era desolador, porque mi imaginación ya había supuesto que los efectos especiales iban incorporados a mi idea, y claro, allí no había ni explosiones, ni tiburones, ni hermosas mujeres, solo estaba yo, simulando diálogos y saltando.

Salvando las ensoñaciones de un chaval, fue Manoel de Oliveira el que me hizo plantearme la posibilidad de sentar a una mujer en una silla y que comenzase hablar. La vida dentro del cuadro sin que este tuviese que moverse. Sí, sin duda alguna puedo atestiguar ese momento epifánico en aquella sala. ¿Qué era un plano? ¿Qué era un contraplano? La sensibilidad estética de Oliveira caló en ese chaval extraviado y desorientado en ese futuro que obligaba a tomar decisiones.  Procuré ver todas sus películas desde ese instante. Por desgracia, en ocasiones no se estrenaban o estaban en cartel una semana. ¿Quién era ese hombre que rodaba a tal velocidad? Su honestidad fílmica es brillante y siempre estaba justificada cualquier decisión. Contar historias, confiar en ellas, y conseguir otorgarles un lenguaje tan plano no está a la altura de casi ninguno. El trabajo como medio de vida, no importa lo que suceda, se trata de rodar con inquietud, tratando de responder a cuestiones. Y  eso lo hizo Manoel con tesón. De acuerdo, en ocasiones podían no gustarme tanto pero jamás me fui vacío. Su personalidad creativa ha sido siempre un motor que me ha guiado en aquellas discusiones que pueden surgir cuando uno se embarca en un proyecto cinematográfico. Le debo tanto a este hombre... 

Gracias amigo Manoel, te seguiré viendo y aunque ya no filme nada más en mi vida, siempre estarás conmigo.

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

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