martes, 19 de abril de 2016

'ARTEFACTO'. Juglaría posdramática para un universo en llamas


                                                                                                              Foto: Óscar Gómez

CRÍTICA DE TEATRO

'Artefacto'
Compañía: Los Hedonistas
Nave 73 (Madrid). 17 de abril de 2016

Cruce de armonías estelares, ecos de David Bowie y sus acordes melancólicos, un recibimiento cálido a los espectadores, penumbra para cuatro sombras que construirán un artefacto con el público, seres mélicos e irónicos cuyo concierto verá la luz gracias al aliento de las primeras notas al piano de María Herrero: el pulso lírico de Los Hedonistas está servido para disfrute y trance de unos pocos. 

David Puig crea un espacio escénico en el que casi cualquier cosa podría ser posible. Sin embargo, el espectáculo es un organismo tan lógico y coherente en sí que el público se verá envuelto en él sin apenas darse cuenta, sin la mediación de los manidos trucos de feria que algunos 'creadores' utilizan para secuestrar al espectador por medio del efectismo. No es este el caso de 'Artefacto'.

La voz de Cristina Peregrina, la autora de los textos, es un cristal de contralto desde el que resuenan las notas de sus palabras. El lirismo, el yo personal del poeta, lidia con el amor y el desamor, la presencia del amante, el afecto y la desafección, la ilusión de vivir un amor incierto y la sospecha de que no estamos del todo preparados para dar o recibir el que decimos anhelar. La soledad campa a sus anchas y ciertos animales cobran forma en los oídos y los ojos del espectador por obra y gracia de la ingeniería audiovisual y la palabra. Habrá tiempo, también, para que los textos que Peregrina y Puig hacen deambular por el escenario bordeen las fronteras del humor crítico y el extrañamiento frente a una realidad social incomprensible. Pero no hay que asustarse porque a diferencia de aquellos autores que arengan al espectador con peroratas incomprensibles que hacen de la queja bandera, Los Hedonistas saben controlar la frenada y reírse un poco de sí mismos o, mejor dicho, mostrar el lado frágil de quien se sabe falible y, de algún modo, patético, pero también grandioso y lleno de amor.

María Herrero, al piano, y Jan Raydan, a la guitarra y cachivaches tecnológicos varios, crean una atmósfera musical sólida y meliflua que suaviza la crudeza explícita de ciertos textos. La música, cuando “acompaña” a las palabras, no es una mera textura sonora, sino una fuerza primaria que transmite melancolía y belleza sin que el texto pierda un ápice de su capacidad reflexiva y estética. De esta forma, el espectador puede asomarse¸ por obra de la metáfora, a un plano de representación en el que un 'yo no realista' constituye un reflejo de nuestra propia soledad y necesidad de ser amados.   

Los Hedonistas demuestran que el teatro, en tanto que edificio o espacio, es capaz de albergar, en el primer tercio del siglo XXI, algo más que el drama (es decir, el teatro dramático que hemos heredado del siglo XIX) otorgándole así todo el sentido al término teatro 'posdramático' –confundido a menudo con el de teatro 'posmoderno'– que Hans-Thies Lehmann acuña para fortuna de todos aquellos que amamos la escena y sus infinitas posibilidades.

MARCOS GARCÍA BARRERO

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