miércoles, 25 de mayo de 2016

OPINIÓN. Pérez de la Fuente


Esta es la historia de un acuerdo del Pleno Municipal para que el director (iba a hacer lenguaje inclusivo, pero sería engañar a la gente, no tiene pinta de la posibilidad que una mujer llegue a tal cargo en un breve tiempo) de los teatros municipales sea elegido mediante concurso público y con transparencia. Es la historia de Ana Botella, alcaldesa “meritocrática”, que decide reservarse esa transparencia final en su dedo. 

Es verano de 2014 y a la última vuelta llegan tres candidatos. De ahí sale nombrado Pérez de la Fuente, cesado por el mismo método que llegó, el dedazo, país de tecnología digital. Porque el hasta ahora director del Español quedó el tercero o el último, véase según filias o fobias,  en la votación final. Pero además bien descolgado. Dedazo, reglamentado, pero dedazo de la alcaldesa. Incluso había quedado quinto de los cinco candidatos que quedaron antes de que se presentara a la edil el trío final. Todo un superviviente.

Casualidades de la vida, Pérez de la Fuente fue director de los teatros municipales con Botella de regidora y director del Centro Dramático Nacional durante los ocho años del 'aznarato'. Le faltan los Teatros del Canal y, es una broma, quizás Agag en el gobierno de la Comunidad.

Esta es la historia de una Concejalía de Cultura que es básicamente un desastre, que no ha sido valiente nunca (titiriteros por ejemplo) y que ha gestionado el despido de Pérez de la Fuente de la peor forma posible. No se puede ser Concejal de Cultura y no aparecer ni una sola vez por el Teatro Español. Celia Meyer ni está ni se la espera en el teatro madrileño.

Es la historia de una oposición del Partido Popular capaz de relacionar la destitución con ETA. Sí, una vez más. La organización vasca está más presente en la cultura madrileña de lo que nunca soñó estar en las fiestas de Hernani o Mondragón en los años de la Alternativa KAS y Herri Batasuna. 

Esta es la historia de un hombre que se autodenomina anarquista en alguna entrevista (premio incluido de la Fundación protofascista DENAES y bien conocedor de los despachos con moqueta del poder) y que considera que su destitución se debe al fascismo oculto en la izquierda, que antes con Franco la libertad entraba en los teatros, no como ahora, que es una dictadura. Un anarquista que monta una obra a petición de Manuela Carmena, por cierto.

Aunque si hacemos caso a Luis Alberto de Cuenca, adaptador del último montaje de Pérez de la Fuente, 'Numancia', las causas hay que buscarlas en el estalinismo y la mano oculta de Gerardo Vera. Definitivamente, nuestros intelectuales desbarran y frivolizan cuándo se salen de su campo. A veces, reconozcámoslo, nos dan un poco de vergüenza ajena cuando dicen estas barbaridades.

Esta es la historia de un director que ha elaborado una programación correcta, con buenas propuestas- y algunas muy buenas ideas- y algún fiasco. Sucede que el mundo que el mundo del teatro le aplaude, y él se vanagloria, de que programe a 'rojos'. A veces el teatro nos produce tristeza cuando se aplauden cosas que deberían ser normales. Y seamos serios, no hay muchos autores teatrales liberales, y además en ese aspecto se tiene la dura competencia de Boadella, y más si se tiene en cuenta que tu predecesor ya ha programado prácticamente todas las obras de Mario Vargas Llosa.

Es la historia de un director que sabía que iba a ser destituido y como regalo deja la programación de las dos próximas temporadas casi cerradas, incluyendo un montaje suyo como director.

“A la prensa se dijo que se dejaba programado hasta el 31 de diciembre y no es verdad. Hay más y además es un sinsentido. El año que viene, este teatro celebra su 400 aniversario y lo que yo no puedo hacer es tener en ese momento una obra extranjera en la sala principal, que es lo que me han dejado y encima sin firmar. Yo, eso, no me lo podría perdonar. Las cosas se podían hacer mejor, con elegancia”. 

Estas fueron las palabras de Pérez de la Fuente en una entrevista en El Mundo en septiembre de 2014. Suponemos que cambiaría de opinión en algún momento. O que ha querido irse con un gran 'qué os jodan', anteponiendo lo personal al interés del teatro público. 

Esta es la historia de las miserias del teatro madrileño, el público (el profesional. que dice Pérez de la Fuente). Una pequeña ruptura en la placidez del mundo teatral, donde todo se da por hecho y por natural, donde nadie levanta mucho la voz, donde el oscurantismo administrativo, económico, de gestión  y de criterio artístico da para encogerse de hombros. El de las mismas caras y las sucesiones controladas. Unas miserias qué, no nos engañemos, importan poco en la calle. Lean los comentarios que hay en los periódicos en edición digital sobre esta noticia, prácticamente cero y los que hay son discusiones bizantinas sobre estalinismo, y fascismo. El teatro empieza a ser una cosa que se queda en los teatros y en los despachos: del parnasillo al del director.

BENJAMÍN JIMÉNEZ

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