miércoles, 17 de agosto de 2016

'DE QUÉ HABLO CUANDO HABLO DE CORRER'. Del interés a la reiteración




CRÍTICA LITERARIA

'De qué hablo cuando hablo de correr'
Autor: Haruki Murakami
Editorial: Tusquets
Páginas: 230



El maravilloso título de origen 'carveriano' da pie a que el curioso escritor japonés reflexione sobre lo que supone el hecho de correr en su vida.  A modo de nueve días, un prefacio y un epílogo, Murakami intenta profundizar en acontecimientos muy concretos que le acompañan en su día a día y en su estrategia deportiva. Lo que en un principio resulta estimulante por esa relación continua que establece como corredor de fondo y novelista de largo recorrido termina por perderse en un aluvión de divagaciones y caprichos. El tiempo transcurrido en cuanto a fecha entre un capítulo y otro es determinante. Si en un principio se aprecia el vigor por ese reto que supone escribir sobre lo que el correr significa y dignifica aspectos de su vida, hacia el final no queda muy clara la estrategia que Murakami ha planteado. Deja a un lado la literatura para centrarse en esos retos y superaciones que poco tienen que ver con ciertas premisas. ‘El dolor es inevitable pero el sufrimiento es excepcional’, qué pena que el propio autor no haya sabido continuar con una frase tan certera. Podría haber sido un acierto establecer paralelismo con esa agonía que en ocasiones acompaña a cualquier corredor. Calambres, decepciones, tiempos, retos… pero no termina por centrarse y su exposición es discontinua. Quizá le diese miedo continuar indagando sobre esa relación entre la escritura y el correr o que el propio Murakami no haya sabido concluir su libro. El aspecto memorístico-vital si es capaz de aportar mucho, pero parece ningunear esas reflexiones por otras con menos sustancia. Qué lástima que la honestidad reflejada para consigo mismo en los primeros capítulos termine evaporándose y convirtiéndose en un autoelogio reiterativo. ‘De qué hablo cuando hablo de correr’ es un panegírico en el  que el yo de autor consagrado termina por absorber a ese yo que tenía dudas, ilusiones, ganas y mucho jazz. 

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

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