miércoles, 14 de septiembre de 2016

'EL HÉROE DE BERLÍN'. Alejada del podium



CRÍTICA DE CINE

'El héroe de Berlín' (Stephen Hopkins. Estados Unidos, 2015. 134 minutos)

Aprovechando que se cumplen ochenta años de la celebración de los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936, los primeros televisados y que dejaron las imágenes de Olympia de Riefenstahl y la tradición del relevo de la antorcha, Hollywood se acerca a la figura, si obviamos al Führer, más relevante y ovacionada de aquel evento: el velocista afroamericano Jesse Owens, ganador de cuatro medallas de oro.

La película se centra en el periodo que va desde sus primeros pasos en la Universidad de Ohio, batiendo tres records mundiales en un solo día de competición, hasta su regreso de Berlín. Todo ello en más de dos horas de típico y tópico biopic hollywoodiense con su envoltorio para todos los públicos. Pero sin lo suficiente como para ser una película de las que aspiran a nueve nominaciones en los Oscar y sin Will Smith.

Tiene todos los elementos propios del género: chico humilde que triunfa a pesar de las adversidades, triunfo rápido que le lleva a la vida disipada y abandonar a la gente de dónde viene, novia incluida, problemas, reconciliación y vuelta a la senda del triunfo y a la felicidad, siempre con el apoyo de la familia para superar las dificultades. Entrenador, blanco en este caso y con un protagonismo mayor de lo que fue en verdad, que le exige y saca lo mejor de él mismo para que no caiga en sus errores. Una mezcla entre las películas universitarias de deporte y 'Carros de Fuego', quedándose a medio camino.

Todo el guión está regido por la superficialidad y lo anecdótico, desde el racismo que sufre Owens en su país y en la Universidad hasta el antisemitismo en la Alemania nacionalsocialista. Ningún problema es sistémico, sólo a algunos individuos cuya actitud sirve para que el protagonista siempre haga lo correcto y logre rendir más sin apenas conflicto.

La dirección de Stephen Hopkins tiene el mérito que la película tenga ritmo y no se haga un ladrillo aunque sea a costa de quedarse en lo intranscendente y unas actuaciones anodinas que se cumplen con oficio.

Cabe destacar la fotografía de Peter Levy, capaz de recrear el ambiente del estadio Olímpico de Berlín como si fueran grabaciones de la época coloreadas. Poco más para una película que pasará más pronto al olvido que lo que tardó Owens en ganar los cuatro oros.

BENJAMÍN JIMÉNEZ

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