lunes, 12 de septiembre de 2016

'LEJOS DEL MAR'. Estupor y desconexión



CRÍTICA DE CINE

'Lejos del mar' (Imanol Uribe. España, 2015. 105 minutos)

Al poco de empezar, por ese ritmo moroso que se va desplegando al merced del oleaje y que va adueñándose de la escena, ya se advierte que va a ser de digestión poco placentera la nueva propuesta de Imanol Uribe. Le está costando encontrar su espacio al director vasco en la actual coyuntura político-social, como demuestran sus últimos trabajos, de poca repercusión a nivel crítico y de espectadores. ‘Lejos del mar’ no va a ayudar en la búsqueda de ese territorio propio, como si hiciera con anterioridad cuando su firma llevaba el aval de estar ante cine sobrio siempre con algo interesante que contar, con picos como ‘Días contados y ‘La fuga de Segovia’. Uribe fue uno de los pioneros en apartar tabús y hablar de ETA en aquella década de los ochenta. Alternando con otros trabajos de raigambre histórica, se puede seguir a través de muchas de sus películas el largo devenir de esta problemática. Esta ‘Lejos del mar’, aunque parezca anclada en el pasado, pide aferrarse a la actualidad al tratar de la reinserción de los presos en la sociedad una vez cumplida la condena. No en vano, se nombra a la ‘Doctrina Parot’ en varias ocasiones. 

Con esos mimbres, Uribe se lanza a una propuesta que va de lo político a lo humano, centrada en las personas y no los discursos, y que tras su visionado deja un enorme agujero sobre el qué ha querido transmitir el cineasta. ‘Lejos del mar’ no se puede leer en clave realista, puesto que sobre las reacciones de uno de sus personajes se desprende una enfermedad mental que en ningún momento se menciona. Una lectura alegórica abunda en ese estupor causado, aparte de la exigencia máxima que requeriría, por lo que queda poco a lo que agarrarse en esta producción extremadamente larga para lo que cuenta, pausada y carente de ritmo. Se entrega por completo a las interpretaciones de los protagonistas, Elena Anaya y Eduard Fernández, siendo destacable el trabajo del catalán, que pocas veces habrá tenido que lidiar con un rol tan difícil de defender. 

Sin que se logren plasmar sus intenciones, la película avanza a la espera del siguiente arrebato del guion, perdido a la hora de retratar a unos personajes carcomidos por el dolor irreparable. Tratar sentimientos como el perdón o el arrepentimiento tan a la ligera y de una forma tan caprichosa solo conduce a la desconexión automática. En el olvido también quedan unos secundarios esquemáticos y sin desarrollo, como ese periodista torpón y marido mentecato que le toca en desgracia a José Luis García Pérez. Imanol Uribe se queda así lejos de sus propósitos, los que fueran, con esta obra que poca luz aporta a un tema tan complejo, la redención y las cargas morales con las que toca vivir. Lo que queda lejos no es el mar, sino otros trabajos suyos mucho más apreciables. 

RAFAEL GONZÁLEZ

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