miércoles, 25 de enero de 2017

'LA LA LAND'. Cuando la multirreferencia da lugar a un clásico instantáneo



OPINIÓN

'La La Land' (Damien Chazelle. Estados Unidos, 2016. 127 minutos)

Si te sientas, no sólo simplemente a ver la película, sino a analizar en profundidad todos y cada uno de los referentes que Damien Chazelle ha manejado para realizar su último largo, 'La La Land', se te vendrán a la cabeza multitud de clásicos del cine de todos los géneros y épocas: Desde melodramas tan variopintos como 'Casablanca' o 'Rebelde sin causa', hasta los musicales de la década de los 50 dirigidos por Vicente Minnelli o Stanley Donen, pasando por la filmografía del francés Jacques Demy ('Los paraguas de Cherburgo' y 'Las señoritas de Rochefort' son referentes confesos ineludibles del director).

Para el que esto escribe, lo más sorprendente de una cinta tan anclada en el pasado, ha sido su facilidad para convertirse de forma inmediata en un clásico moderno del género musical, que rompe lanzas en favor del cine más transgresor y vanguardista actual. 

'La La Land' o 'La ciudad de las estrellas', como la han mal titulado en mi opinión aquí en España, incorpora a su metraje números musicales realizados gracias a las más modernas técnicas cinematográficas que, aunque inspirados en los larguísimos planos secuencia de los musicales ya comentados, tienen irrupciones en pantalla de lo más diversas que, en vez de interrumpir, al contrario, dan fluidez al montaje. Como la entrada en cuadro, de golpe, de un ‘skater’, un ‘biker’ o un saltador de trampolín haciendo sus acrobacias, por poner unos ejemplos.

Pero de todas esas interrupciones (no pensar en la palabra en su connotación negativa, como ya he dicho), la que más me ha llamado la atención es, quizás, la que está dándole a la película sus más firmes alas para volar hacia el Olimpo de los clásicos: la emocionantísima escena final, que te rompe el corazón y, al mismo tiempo, te lleva hasta un estado estratosférico de gozo por el simple placer de disfrutar del cine en su vertiente más vehemente como arte narrativo audiovisual. Estado que, por otro lado, (y atención, esto último que digo es sólo una apreciación personal) no se alcanza con ninguna de las otras artes.

Como dijo a la salida un amigo con el que fui a ver la película: “¡Qué grande es el cine!”.

SALVADOR GUERRA

9 comentarios:

  1. No me llamaba la atención esta película, por prejuicios contra los musicales. Leer tu critica me ha recordado que cualquier expresión artística de calidad merece la pena sin importar su estilo. Iré a verla.

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  2. Id a verla. Creo estar casi seguro de que os guastará

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  3. Aunque no soy ni entusiasta ni entendido del género musical (salvo Grease/Fiebre de John Travolta), fuimos a verla en familia. Coincido 100% con tu crítica. También he leído algunas dónde se le acusa de no ser un verdadero musical, de simplona y aburrida. A mí me pareció brillante y emocionante, precisamente por lo simple y llana que parece. Soy fan de tus artículos Salvador, por lo bien que entiendo lo que dices, esté o no de acuerdo.
    Diego

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    1. Gracias, Diego. Yo también soy fan tuyo. Jeje

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  4. Genial como siempre. Pendiente de verla y con muchas ganas.

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    1. Id a verla. Sin querer crearos demasiadas expectativas, creo que os gustará. 😉

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  5. Con muchas ganas de verla, buen plan para ir con las niñas al cine

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  6. A las niñas no sé si les gustará. Bueno, a la mayor a lo mejor. Pero ten en cuenta que el final no es el típico final "made in Hollywood". Como he dicho en otro comentario, preparaos el cuerpo para todo...

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    1. Aunque el zagal de la Chiqui la ha visto, con sólo 5 añitos, y el tío acabo bailando la canción de los créditos finales jeje

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