miércoles, 4 de enero de 2017

TEATRO 2016. En caída


Con el Off agonizando si alguna vez existió, los teatros públicos enredados en onomásticas y designaciones en entredicho y en medio de un sistema que asfixia, se hace complicado hablar en términos positivos de lo que ha dejado la escena madrileña en 2016. En caída, sujetos a un paracaídas quedaron estos espectáculos, y otros contados, de los que damos cuenta. 

‘La respiración’, de Alfredo Sanzol. Teatro de La Abadia y LaZona
Alfredo Sanzol sigue creando con una dirección firme. Su madurez creativa nos ofrece a un dramaturgo diferente. Con 'La respiración' consigue instalar su teatro de 'sketches' en una propuesta más unitaria. Se indaga en temas escabrosos, de difícil cicatriz, para dotarlos de un positivismo sin caer en la mofa. Montaje muy acertado que combina dolor, humor y amor.

'Ragazzo', de Lali Álvarez Garriga.
Teatro que combina la intimidad con las entrañas. Los últimos días de Carlo Giulanni antes de ser asesinado por la policía en los disturbios de la Cumbre de Génova es una historia generacional de deseos y esperanzas que se quebraron. Gran trabajo del joven actor Oriol Pla, al que habrá que seguir de cerca. 

'Romeo y Julieteta', de Alfredo Sanzol y Helena Lanza. 
Divertidísma actualización del clásico Romeo y Julieta contada por las dos tetas de la actriz Helena Lanza. Un grito contra los cánones de belleza impuestos y una llamada a sentirse a gusto con el propio cuerpo en este montaje de veinte minutos visto en el Off de La Latina.

'La extinta poética', de Eusebio Calonge. Nueve de Nueve. 
Un familia que soporta la dura existencia que les ha enfermado a base de pastillas. Siguen adelante sin poder romper el círculo vicioso que les condena a reproducir continuamente su mundo de miseria, reproches y frustraciones. A pesar de todo, como la Ofelia de Hamlet, aún sueñan. 

'La Gran Misa Patólica', de Leo Bassi. 
Reconocimiento al incansable clown italiano, que cada semana durante meses congregaba a decenas de fieles en un espacio céntrico de Madrid. Allí improvisaba en cada espectáculo una particular homilía salpicada de anécdotas, actualidad y, sobre todo, irreverencia.

'El grito en el cielo', de Paco de La Zaranda
Amor vida y muerte. El geriátrico como paso previo al adiós. El caminar de unos personajes en búsqueda de una última salida en toda esa oscuridad que les rodea y que en breve se les caerá encima. La entelequia de una salida para huir de lo que se aproxima. Cuatro seres humanos inmersos en rutinas y anhelos de liberación. Teatro realizado con talento, honestidad, verosimilitud y entereza. No hay ningún grupo en España que se aproxime a lo ofrecido por La Zaranda.

‘Muñeca de porcelana’, de David Mamet. TalyCual y Bravo Teatro.
La obra de David Mamet es  un juego de hienas purulentas que van avasallando. El poder puede llegar a estar fuera de su alcance y terminar engullido por él. Puesta en escena con mucha fuerza con un José Sacristán primoroso. Montaje que pese a tener altibajos demuestra que en España sí puede realizarse un teatro de altura.



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