sábado, 1 de noviembre de 2014

'EL VALLE DEL ASOMBRO'. Brook en horas bajas


CRÍTICA DE TEATRO

'El valle del asombro'
Dirección: Peter Brook y Marie Hélène Estienne
Escenario: Teatro del Canal (Madrid)
XXXII Festival de Otoño a Primavera

El buen sabor de boca dejado por ‘El traje’ alimentó unas expectativas descomunales con el nuevo espectáculo creado por la sociedad Brook&Estienne, pero el resultado, aun teniendo momentos extraordinarios, se queda en un lugar alejado de lo que ha venido proponiendo el maestro inglés.

Partiendo del texto, se detecta que no está basado en algo concreto y por lo tanto no podría decirse que forma parte de ninguna trilogía “neurológica” debido a que es una especie de conglomerado en el que tienen cabida algunos fragmentos de ‘La conferencia de los pájaros’, ‘Soy un prodigio’ –cambiado el sexo, ahora la protagonista es una mujer- y ‘El hombre que’, por lo que a la obra, desde la dramaturgia, le falta una propuesta sólida.  Apunta hacia muchos lugares pero no se detieneen ninguno y termina perdiéndose en callejones inconsistentes.

La puesta en escena es propia de la casa y aunque el ingenio es algo menor en cuanto al aprovechamiento del espacio y de sus objetos, siempre es fascinante disfrutar con ese menos es más. Marcello Magni ofrece una interpretación extraordinaria y son sus momentos los que consiguen que el espectáculo resurja de unas cenizas que le habían llevado a cierta reiteración y aburrimiento. 

Magni es capaz de romper la cuarta pared con facilidad pasmosa y hacer que el público se entregue a su propuesta viva e interesante.  Kathyn Hunter es una delicia de actriz y conmueve con su sinestesia y los acontecimientos que le llevan a ninguna parte y a sentirse perdida en su prodigio. Jared McNeill resuelve sus múltiples roles acertadamente, aunque los instantes en los que recita los fragmentos de ‘La conferencia de los pájaros’ son un tanto declamativos y están bastante fuera de lugar en la propuesta global.

La utilización de músicos en directo ofrece vida, generan ambientes y su inclusión en el resultado siempre suma a la propuesta. La iluminación, pese a tener momentos destacables –la pintura del cuadro- no consigue adaptarse a ese itinerario común con el resto de elementos y  no aporta tanto como la música. Pese a que en  ‘El valle del  asombro’ no se aprecia al mejor Brook&Estienne, sí está rodeado de esos instantes que envuelven a su propuesta en algo que pertenece a la magia pero que dista de ser mágico.

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

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