lunes, 8 de diciembre de 2014

'NIÑOS EN EL TIEMPO'. Ricardo Menéndez Salmón





CRÍTICA LITERARIA

'Niños en el tiempo'
Autor: Ricardo Menéndez Salmón
Editorial: Seix Barral
Páginas: 223



PROPUESTA DISCONTINUA

A estas alturas y más teniendo en cuenta su magistral anterior novela, ‘Medusa’, nadie pone en duda que Menéndez Salmón es un escritor extraordinario. Tampoco es menos cierto que en momentos posee flaquezas –al igual que todo creador- como pudo ser ‘Derrumbe’. En ocasiones su estilo demasiado poético y elaborado aleja de la trama y eso se resiente en el resultado global del trabajo elaborado.

‘Niños en el tiempo’ es una novela desigual. La obra está divida en tres partes y el autor pretende jugar con distintas situaciones con el nexo común de la pérdida de un hijo como motor de todos los cambios vitales que se producen. En la primera parte se esboza un tratado del dolor en el que un matrimonio intenta afrontar la muerte de un hijo. Su estilo elaborado y preciosista en ocasiones distancia de ese bullir sentimental, aunque su trama es fuerte e incluso por momentos parece evocar al cine de Dreyer, no solo por paisajes sino que por angustias y determinaciones. Menéndez Salmón es un hombre en el que el  arte transita por sus venas y no duda de hacerlo partícipe de sus textos, que se enriquecen por las aportaciones que inserta en esos momentos en los que el derrumbe emocional es una constante y el pozo del sentir queda cerrado sin aparente salida.

En la segunda parte se asiste a un texto escrito por el marido de la primera –que es escritor- y que se centra en la infancia de Jesús. Lo interesante es que todo se focaliza en esa etapa de la vida de Jesús tan poco documentada que otorga tanta cancha abierta al escritor para fabular sin trabas posibles. Menéndez Salmón hace partícipe al lector de ciertas dudas que mantiene el escritor y le enfrenta a disertaciones con el propio Jesús. El descubrimiento de la vida, el amor y la muerte vuelve a posicionar los descubrimientos de la infancia como acontecimientos determinantes. Aunque no del mismo modo que Colm Tóibín en su ‘Testamento de María’, el escritor asturiano humaniza la figura de Jesús, sin por ello faltarle al respeto. El estilo es más envolvente en esta parte y siempre resulta interesante indagar en lo que pudo haber sido.

La tercera parte es el redescubrimiento por una ilusión. Se centra en la madre de la primera parte y en su evolución vital o resurgimiento de las cenizas. Este último tramo de la novela es más flojo porque no existe tanta empatía y no parece insertarse tan correctamente en el entramado propuesto por Menéndez Salmón.

‘Niños en el tiempo’ es una novela irregular. Se agradece el intento de experimentar, pero no se puede hablar en modo alguno de una evolución con respecto a su anterior texto. Es curioso, pero en esta ocasión, el estilo ha conseguido que la distancia con el texto sea un tanto perjudicial para el valor global de la novela.

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

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