martes, 10 de noviembre de 2015

'ESCENAS DE LA VIDA CONYUGAL'. Sin rastro de Bergman



CRÍTICA DE TEATRO

'Escenas de la vida conyugal'
Autor: Ingmar Bergman. Versión de Federico González Del Pino y Fernando Masllorens.
Dirección: Norma Aleandro.
Teatros del Canal.

No era necesario tomar prestado el texto de Ingmar Bergman y realizar una adaptación tan impersonal como carente de sentido. ‘Secretos de un matrimonio’ (1973) no cuenta nada extraordinario ni nunca visto. Lo apasionante es el modo que tuvo el director sueco de enfrentarse a ello. Diálogos repletos de crudeza, ingenio, deseo, dolor y subsistencia. ‘Escenas de la vida conyugal’ ha transformado la intención original hasta convertir la obra en un folletín deshilvanado y autocomplaciente. Han eliminado toda la parte desgarradora del texto para sustituirla por escenas de un humor carente de gracia pero si apropiadas para un determinado público: aquel que haga lo que haga Ricardo Darín, va a sonreír. 

Asistir a una descomposición de un matrimonio puede hacerse de varias maneras, cada uno tiene su fórmula, pero el problema es el sentido al coger un texto mutilado de su esencia. No era necesario poner Ingmar Bergman, valdría cualquiera. La propuesta de Norma Aleandro está más cerca de aquellas matrimoniadas de los programas de José Luis Moreno que de un texto con entidad propia. 

El escenario solo cuenta con lo imprescindible. Nunca se recarga de nada innecesario, eso es una acción muy inteligente aunque el espacio sea inmenso. Tampoco los actores se mueven mucho, buena decisión también. Los interludios situacionales en los que cada actor narra para situar al espectador nunca son excesivos –ni necesarios- y cumplen su función.  El trabajo de Érica Rivas y Ricardo Darín es bueno, aunque excesivo en intención. De acuerdo que el teatro argentino tiene interiorizado a las mil maravillas el teatro naturalista, pero en ocasiones resulta desmedida su velocidad y más en la acción-reacción debido a ciertos asuntos delicados en cuanto a la emoción se refiere.  Ambos actores resultan convincentes en sus propuestas, el problema es que no hay calado en esas palabras. Toda la situación convulsa es llevada a un humor inexplicable que busca cierta sonrisa de la galería pero no con el instante que se vive en escena. Resulta lamentable la deconstrucción realizada de los episodios  titulados originalmente ‘El valle de lágrimas’ y ‘Los analfabetos’. Si la intención textual marcada es ahondar en lo infectado, lo desgarrado a la vez de destrozarse entre ellos, no hay resto de ello en la propuesta. 

La música tampoco aporta, la iluminación es funcional y sirve para cumplir lo que propone. ‘Escenas de la vida conyugal’ llena teatros, pero no por lo que ofrece. El nombre de Darín trae gente a las salas y eso cuenta más que lo que tenga que representar, que por otra parte, será similar a cualquiera de los otros papeles que haya interpretado con anterioridad. Ricardo Darín es un buen actor, pero jamás se ve más personaje en él que su propia persona. Nunca hay matices diferentes en sus interpretaciones. El personaje interpretado en la obra no desencajaría en ‘El hijo de la novia’ (2001) o ‘Truman’ (2015).

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

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