miércoles, 23 de diciembre de 2015

'45 AÑOS'. Al encuentro de los celos retrospectivos
























CRÍTICA DE CINE

'45 años' (Andrew Haigh. Reino Unido, 2015. 93 minutos)

Tener un caballo ganador como es la idea original de ’45 años’ no puede venirse abajo por un desarrollo tan convencional como falto de firmeza. Una película no logra establecerse solo por dos interpretaciones excepcionales. La trama debe acompañar a un  trabajo tan excelso. Andrew Haigh parece no haber querido apostar por ese dolor interno que se instala en los personajes cuando el pasado, ese amigo que pocas veces trae sorpresas agradables, despierta de un modo tan imprevisto. 

El tiempo corre en contra de quien asiste a su descomposición sin poder frenar la funesta consecuencia. Resulta tan sencillo dañar que la vulnerabilidad es esa arma arrojadiza que no tiene vuelta atrás.  No importa todo lo bueno que haya sucedido, la creencia en algo, fundamentalmente sentimental, puede venirse abajo sin demasiadas explicaciones. ’45 años’ expone la aparición del  cadáver de una ex novia del protagonista en el lugar donde había fallecido y que el hielo conservó. No hay thriller ni nada al respecto, simplemente un hallazgo profundamente envenenado. El impacto y el recuerdo se tergiversan en anhelo, desconfianza y celos por el vacío. El papel interpretado por  Charlotte Rampling, bellísima aunque demasiado gélida, no consigue aceptar algo que no tiene que ver con ella. La sinceridad únicamente causa dolor y la herida abierta no tiene posibilidad de cierre.

Una situación que podría haberse trabajado más en lo que al lado sentimental se refiere, queda esbozada y solapada por la celebración del  cuarenta y cinco aniversario de boda. La apariencia y el luchar por los detalles del festejo encubren un dolor sin cura, pero que a su vez, apenas es retratado. Charlotte Rampling y Tom Courtenay defienden con entereza sus papeles pero la pareja que conforman es demasiado fría. En determinados instantes se ve a dos actores que juegan a una complicidad que no tienen. Es posible que Andrew Haigh haya dado esas premisas pero ese hieratismo emocional va en contra de una empatía corporal que jamás sucede.

La fotografía no dota de intensidad a ningún instante. Se maneja entre la corrección y la distancia sin dotar de vida a momentos que hubiesen necesitado de luminosidad. La banda sonora sí ofrece destellos de una búsqueda que calme cierta nadería sentimental. ’45 años’ no bucea en los adentros para quedarse en nostalgias impostadas y planos sin la intensidad requerida cuando son los celos retrospectivos los que piden audiencia.

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

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