jueves, 23 de junio de 2016

'LA BRUJA'. ¿Qué han querido contar?



CRÍTICA DE CINE

'La bruja' (Robert Eggers. Estados Unidos, 2015. 92 minutos)

Tanto la dirección como la fotografía de 'La bruja' son colosales. El buen hacer en ambos campos son los que consiguen que este extraño artefacto fílmico se mantenga vivo. La luz es en sí un personaje más –hay una excepción en un momento nocturno en el bosque en el que la iluminación es demasiado tramposa- y añade al misterio de ese elemento cautivador e imprescindible que reside en la historia. Por momentos parece que el espectador contempla imágenes pictóricas e incluso parece situarse en el interior de un cuadro de La Tour. En su doble función de guionista y director, Robert Eggers reluce en la dirección. El guion es un refrito de leyendas y rumorologías que nunca se encamina hacia ningún fin. Toda la trama está demasiado deslavazada.  No toma una posición el guionista y el resultado se resiente enormemente. La verdad, la mentira, la creencia, la muerte y la fe… todo se revuelve para quedarse en algo que no va más allá de una conjetura, engañosa, eso sí. Incluso la evocación al Libro de Job podía tener su cabida, pero se diluye al igual que las trampas planteadas. La verosimilitud y el juego con ella suponía un arma evocadora, aunque igualmente desaprovechada al buscar una especie de final racional –dentro de su irracionalidad- que cierre el círculo. 

Los actores se apoderan junto a la fotografía y la dirección del pulso fílmico. Merece y mucho ver sus angustias vitales, sus tonos, sus miedos. El trabajo es sobresaliente, incluso esos excesos interpretativos no desentonan y tienen cabida en esa cabaña en la que el rezo es lo único que hacen todos a la vez. El bosque, la noche, la desconfianza y los elementos sobrenaturales no se explotan. Están ahí, pero no consiguen dar un paso más para poder manejar con destreza unos mimbres que por separado funcionan y que juntos se quedan en un páramo de buenos propósitos.

‘La bruja’ llega a aburrir por su falta de definición argumentativa. Esto se intenta subsanar con ciertas explicaciones al concluir la película, pero ¿para qué justificarse? En cierta manera planea el espíritu de Shyamalan pero sin el poder de algunos de sus finales. 

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ 

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