jueves, 14 de septiembre de 2017

'A PROPÓSITO DE LLEWYN DAVIS'. Buenas ideas venidas a menos


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CRÍTICA DE CINE
 
‘A propósito de Llewin Davis’ (Joel Coen, Ethan Coen. Estados Unidos, 2013. 105 min.)

Los exitosos hermanos Coen suelen bandearse entre películas buenas,  ‘Muerte entre las flores’, malas, ‘Crueldad intolerable’, ingeniosas, ‘Quemar después de leer’, y otras  que pretenden marcar una tendencia y que terminan perdiéndose en productos pretenciosos pero con un origen interesante. ‘A propósito de Llewin Davis’ puede englobarse en este último apartado. Fantasear con el folk antes de su gran boom es un punto de partida más que notable. Centrar la acción en un cantante que no logra dar el salto y se dedica a extorsionar a amigos en busca de un sofá dónde dormir también es interesante. El problema reside que las anécdotas que han decidido explorar de esta persona en unos pocos días de su inestable vida son tremendamente irregulares. 

La idea de cómo es su personalidad y sus pretensiones como artista quedan muy claras, pero estas quedan diluidas en una serie de gracietas demasiado largas, como es el viaje en coche, que parece más un guiño de amigo para sacar a John Goodman, que para que la historia avance. Eso convierte la historia en algo discontinuo. Más interesante resulta todo aquello que tiene que ver con la música y asistir a su modo real de subsistencia por medio de ciertas migajas y encargos de dudosa calidad. El camino de la búsqueda es tan complicado que ya no queda más que un egoísmo que destroza a quienes dan cobijo a ese alma en pena que no cree en nada más que en el aprovechamiento ajeno en busca de un único fin.

La dirección de los Coen es notable y la fotografía de Bruno Delbonnel es excelente. Sumergirse en los claroscuros de una personalidad confusa y rendida está conseguido con mucha habilidad. Esos paisajes fríos y hostiles consiguen que se desee transitar por los mismos por poseer ese atractivo por lo desconocido tan habilmente retratado. Oscar Isaac compone un personaje desagradable. Su interpretación es notable y aunque no se consiga empatía con el personaje, sus motivaciones quedan patentes en sus miradas o sus cambios de humor dañen a quién dañen. Carey Mulligan resuelve su papeleta de modo solvente al igual que Justin Timberlake. Se agradecen algunos momentos de humor, pero ‘A propósito de Llewin Davis’ se queda en una cierta superficialidad innecesaria cuando la historia en sus comienzos parecía sentar unas bases exquisitas que lamentablemente se fueron perdiendo. Aun así, si atendemos a la filmografía posterior de los Coen, se comprenderá que está muy por encima de lo que vino después.

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

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