sábado, 27 de julio de 2019

'ENTENDIENDO A INGMAR BERGMAN'. Las mejores intenciones no son suficientes



CRÍTICA DE CINE

'Entendiendo a Ingmar Bergman' (Margarethe von Trotta. Alemania, 2018. 109 minutos)

Con motivo del centenario de Ingmar Bergman han proliferado los documentales acerca del director. El resultado de los mismos ha oscilado entre hagiografías ridículas o exposiciones sin mucho sentido. Tesis plagadas de refritos convencionales, que si qué se siente en su casa, que si era un ogro, que si era sensible, que si revolucionó el cine y así en todos. Realizar un encargo a Margarethe von Trotta (secundada por Felix Moeller y Bettina Böhler) para que se acercase a su figura era algo estimulante. No hay que olvidar que ambos se conocieron y que el propio Bergman consideró como una de sus imprescindibles a la película de la realizadora, ‘Las hermanas alemanas’ (1981).

Von Trotta en un principio parece que va a llevar el documental por una visión personal de lo que el guionista/director supuso en su vida, pero esto no es así. Su esperanzador comienzo en lo que supuso para ella estar en París y asistir a una proyección de ‘El séptimo sello ‘(1957), fenómeno catártico que le llevó a ser directora de cine, se va difuminando. Se intentan abarcar demasiadas cosas y claro, no se centra prácticamente en ninguna. La galería de figuras que aparecen entrevistadas no aportan gran cosa, entre ellas cuesta entender que la única declaración que resaltan de Carlos Saura sea que le tenía envidia por su actrices ¿Eso es lo mejor que pudo decir Saura? El director francés y gran conocedor de su obra, Oliver Assayas, explica muy bien cómo influyó el realizador sueco en toda la Nouvelle Vague. Ya en su curioso libro, escrito junto al sabio Stig Björkman, 'Conversations avec Ingmar Bergman', sacaban partido a algunas peculiaridades del realizador. Es una pena que su aportación no salga de lo ya por todos conocidos. El propio Björkman participa de forma coherente, aunque no incide demasiado en todo lo que conoce, parece que von Tortta no quiere dar ese paso más y desarrollar aspectos más desconocidos para el gran público.

Lo que realmente aporta es la aparición de Daniel Bergman. Es en ese momento en el que el documental despega y el espectador puede plantearse el por qué no centró el documental por aquí. Daniel desvela la relación con su padre y las heridas que se causaron. No libra tampoco de ese dolor a su madre, la excelsa pianista, Käbi Laretei. Los pormenores de una secuencia de ‘Niños de domingo’ (1992) con Bergman y su padre como protagonista es excelente. Se deja desnudo a un hombre que no tenía ninguna afinidad familiar pero sí la poseía con el equipo artístico de sus películas. También aparece el hermano de Daniel, Ingmar Jr, al que considera su hermano favorito. Ambos, como muchos de los hijos de Bergman, se conocieron en la fiesta que ofreció su padre al cumplir 60 años. Esto es un momento de luz y es una pena que no entreviste en profundidad a su hijo Ingmar, no hay que olvidar que la relación con su madre es el origen de muchas de las películas de Ingmar o de sus guiones, como ‘Infiel’ (2000). Otro gran momento es que von Trotta consigue desarrollar más lo que fue su periplo alemán y eso ofrece algo que hasta el momento permanecía más oculto. ¿Cómo se enfrentó a su puesta en escena de ‘Secretos de un matrimonio’ en alemán? ¿Cómo fue el rodaje de ‘De la vida de las marionetas? (1980)? Una pena que no se siguiese por ese camino. Tampoco se desarrolla ese conflicto que puede existir entre las escuelas de cine de Gotemburgo y Estocolmo. Esa dualidad entre Widerberg y Bergman se enuncia, pero queda difusa.

Tras este atisbo de luz en el que se exponen muchas sombras de uno de los tótem del cine, se regresa a la senda dulce de lo grande qué fue Bergman, lo que consiguió… o lo que es lo mismo, los lugares comunes que se encargan de repetir en cualquier documental que trate sobre su figura. Con todas las puertas que se le abrieron a la realizadora alemana ¿por qué no ser valiente? ¿por qué reincidir una y otra vez en las mismas cuestiones? ¿por qué no ahondar más en su figura, sus dudas, su deseo de reconocimiento cómo guionista -esa es la parte en la que realmente Liv Ullmann aporta algo-?

‘Entendiendo a Ingmar Bergman’ no ofrece la osadía imprescindible para ser un documental diferente pero sí aporta elementos que no habían sido tocados, eso sí, lo hace con pinzas, sin dar ese zarpazo necesario. Puede ser que la sombra del maestro siga siendo alargada y los productores solo quieran cosas convencionales. Se agradecen los momentos de luz que ofrece la casi siempre controvertida Margarethe von Trotta.

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

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