EL HOMBRE JOVEN: NOTAS SOBRE EL DESEO Y EL TIEMPO

 




CRÍTICA LITERARIA

El hombre joven.

Autora: Annie Ernaux.

Editorial: Cabaret Voltaire.

Páginas 46.

Año: 2023.

Annie Ernaux siempre ha escrito como quien vuelve una y otra vez al mismo recuerdo para comprobar si todavía escuece. En sus libros apenas hay espacio para la ficción entendida como disfraz; lo que aparece es más bien una necesidad casi obsesiva de fijar la experiencia antes de que el tiempo la desgaste del todo. Por eso El hombre joven deja una sensación extraña, como si el libro todavía estuviera respirando mientras se lee. Más que una novela breve, parece un texto escrito desde la urgencia.

La relación que Ernaux mantiene con un hombre mucho más joven tiene fuerza narrativa desde el principio, pero no únicamente por la diferencia de edad. Lo interesante es cómo la autora invierte una imagen que la literatura y el cine aceptaron durante décadas con absoluta normalidad: la del hombre mayor acompañado por una mujer joven. Cuando la dirección cambia, la mirada social también cambia. Ernaux convierte esa relación en un territorio observado con sospecha, casi con incomodidad, y ahí aparece una de las partes más vivas del libro.

Además, Ernaux escribe el deseo de una manera poco habitual: sin solemnidad y sin necesidad de justificarse. Hay fragmentos donde la escritura recupera algo casi adolescente, una intensidad física que atraviesa todo el texto. El joven no funciona solo como amante; también abre una grieta temporal por la que regresan los años ochenta, ciertas formas de vivir y hasta una relación distinta con el propio cuerpo. El libro transmite muy bien esa mezcla rara entre pasión, dependencia emocional y conciencia constante del tiempo que pasa.

Sin embargo, El hombre joven deja también una impresión de texto inacabado. La escritura seca y contenida de Ernaux suele producir una enorme precisión emocional, pero aquí esa economía expresiva parece rozar a veces el apunte rápido. Algunas escenas aparecen y desaparecen demasiado deprisa, como si la autora hubiese preferido conservar el impulso inmediato de la experiencia antes que detenerse a desarrollarla del todo. La parte final acentúa todavía más esa sensación.

Y quizá ahí esté precisamente la contradicción más interesante del libro. Toda la obra de Ernaux parte del deseo de escribir la vida sin embellecerla ni convertirla en ficción tranquilizadora. Su literatura siempre ha tenido algo documental, como si cada recuerdo fuese también una forma de registrar una época, una clase social o una determinada educación sentimental. En sus libros, el “yo” nunca aparece completamente aislado: el cuerpo, el deseo o la vergüenza individual terminan hablando también de una generación entera.

Por eso su importancia dentro de la autoficción contemporánea es enorme. Mucho antes de que la experiencia personal se convirtiera en moda editorial, Ernaux ya trabajaba con materiales autobiográficos despojados de artificio y sentimentalismo. Muchos escritores posteriores entendieron gracias a ella que la vida cotidiana, incluso en sus zonas más incómodas o banales, podía convertirse en materia literaria.

Pero El hombre joven muestra también uno de los límites de esa apuesta. A veces la renuncia a la elaboración narrativa termina debilitando el texto. Hay libros de Ernaux donde cada frase parece colocada con una precisión casi quirúrgica; aquí, en cambio, la velocidad de la escritura deja algunos fragmentos demasiado cerca del cuaderno íntimo o del borrador emocional.

Aun así, incluso en sus partes más frágiles, el libro conserva algo muy difícil de fingir: una verdadera sensación de exposición. Ernaux no escribe para resultar brillante ni para construir una imagen sofisticada de sí misma. Escribe desde un lugar incómodo, a veces incluso impúdico. Y aunque el libro pueda parecer por momentos incompleto, también posee algo vivo, poco domesticado, como si la autora hubiera preferido conservar la temperatura de la experiencia antes que entregarla completamente ordenada.


IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

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