A COMPLETE UNKNOWN: FILMAR LA SOMBRA

 


CRÍTICA DE CINE

A Complete Unknown  (James Mangold, EEUU, 141 minutos, 2024)

James Mangold es un director versátil y sugerente. Ha explorado géneros tan dispares como el universo de Star Wars, Lobezno, Indiana Jones, el western o el biopic, y sus inquietudes suelen transformarse en películas notables o sobresalientes.

Acercarse a Bob Dylan es un desafío que puede abrasar o encumbrar. Si a eso se le suma la participación de Timothée Chalamet como protagonista, el proyecto queda envuelto en un interrogante angustioso. El resultado no es una biografía al uso ni un repaso cronológico, sino una tentativa de capturar algo de la esencia de Dylan: su constante transformación, su relación esquiva con la fama, la tensión entre el personaje y el hombre.

Desde Don't Look Back (1967) de Pennebaker hasta I'm Not There (2007) de Todd Haynes, Dylan ha sido objeto de miradas cinematográficas que intentan aprehender lo inaprehensible. Su figura muta, se oculta, se contradice. Mangold asume este reto desde un enfoque intermedio: no opta por la fragmentación radical de Haynes ni por el registro documental, sino por la evocación emocional de una crisis de identidad artística —dar un paso fuera del folk— que sirve como metáfora de toda su trayectoria.

La interpretación de Chalamet (no ganó el ansiado Óscar y de sobra fue el mejor) no se apoya en la imitación sino en la intuición. Capta el gesto, la mirada, el desajuste interior de Dylan sin convertirlo en caricatura. No canta como él, pero canta; no camina como él, pero camina con la misma carga de extrañamiento. Es un Dylan filtrado por el actor, como Dylan filtraba a Woody Guthrie: una aproximación estilizada, casi impresionista, que oscila entre lo reconocible y lo reinventado. 

La comparación más inevitable es con I'm Not There, donde Haynes fragmentaba a Dylan en seis personajes encarnados por actores tan distintos como Cate Blanchett, Christian Bale o Heath Ledger. Aquella era una película de tesis que abrazaba la multiplicidad. A Complete Unknown, en cambio, no teoriza: dramatiza. Haynes convierte al espectador en lector; Mangold, en testigo.

Visualmente, la propuesta apuesta por una estética sobria pero cargada de significación. La fotografía acentúa los contrastes entre la luz cálida de los escenarios folk y los fríos azules de los camerinos y las calles nocturnas. Los planos son largos y contemplativos; la banda sonora surge de las interpretaciones en vivo, de los silencios, de las respiraciones. Mangold evita la tentación de llenar los vacíos, confiando en que esos vacíos son parte del retrato.

Una decisión brillante es no intentar resolver el enigma de Dylan. El guion —adaptación de la biografía de Elijah Wald Dylan Goes Electric! (2015)— presenta situaciones, relaciones, momentos de tensión, pero nunca impone una lectura única. Si algo se le puede reprochar, es que el personaje de Elle Fanning queda más a la deriva narrativa, aunque su interpretación, como la del resto del elenco, es de una proeza exquisita.



A Complete Unknown no es solo una película sobre Bob Dylan, sino sobre la libertad artística: la libertad de cambiar, de decepcionar, de no encajar. Dylan es menos un héroe que un cuerpo en conflicto, lo que lo convierte en profundamente humano. Mangold y Chalamet no ofrecen una respuesta, sino una mirada atenta, respetuosa y arriesgada. En tiempos de biopics convencionales, esta propuesta recuerda que el cine también puede ser una forma de preguntar.

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

 

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