CASO 137: DISPARA MIENTE, ASCIENDE

 

CRÍTICA DE CINE

Caso 137 ( Dominik Moll .Francia. 115 minutos. 2025)

Moll repite la fórmula de La noche del 12: un caso real convertido en radiografía de una institución. Aquí el objetivo es la IGPN, la "policía de la policía". El detonante: un manifestante pacífico recibe un disparo de LBD - lanzador de balas de defensa- en la cabeza durante una protesta de chalecos amarillos y queda con secuelas que le cambian la vida. Investiga el caso Stéphanie (Léa Drucker, César a la mejor actriz por este papel).

Caso 137 es un telefilm en toda su estructura. El disparo  que da origen a todo ya ha pasado cuando empieza la película.  Lo que se ve durante dos horas -un tanto excesivas- no es violencia, es la digestión administrativa de la violencia: cómo un tiro en la cabeza se convierte en un expediente, el expediente en un número, el número en un asunto de agenda.

El planteamiento fílmico se instala en la maquinaria institucional y convierte lo extraordinario en rutina. La fealdad de la puesta en escena puede estar relacionada con la forma que tiene la burocracia de absorber un crimen hasta dejarlo sin filo. Otra cosa es que ese gesto sea tan redundante como poco llamativo.

La investigación importa poco. Lo que termina interesando es Stéphanie. La propuesta acierta cuando abandona el misterio policial y se concentra en una funcionaria que todavía cree que hacer bien su trabajo sirve para algo. Es una mujer que lleva años creyendo que su trabajo sirve para algo, y la película no le da ningún golpe de guion para hacerla dudar: se lo da a base de reuniones, de presiones administrativas, de un jefe que le pide prudencia con un eufemismo distinto cada vez. Drucker entiende eso a la perfección. No actúa el desgaste, lo deja filtrar. Hay una diferencia enorme entre interpretar a alguien que está rompiéndose e interpretar a alguien que se niega a romperse mientras todo a su alrededor empuja para que lo haga. De ahí que el personaje funcione pese a un guion  previsible.

El punto donde la película se permite respirar —y donde se vuelve menos interesante— es la vida privada de Stéphanie. El exmarido en Estupefacientes, la nueva pareja sindicalista que la acusa de traicionar al cuerpo: es un material rico, pero está resuelto con previsibilidad y hastío. Es el punto en el que película deja de confiar en la insinuación para empezar a subrayar. Es una lástima, porque la idea de fondo es buena: que la presión sobre Stéphanie no le llegue solo desde arriba, de la jerarquía, sino también desde la mesa familiar, desde alguien que duerme con su exmarido. Ese doble frente, institucional y doméstico,  es lo más sugerente del guion, pero es arrojado a la nada

Donde la película sí acierta es en negarse a poner un villano ¿o es la institución o el gobierno el mismo? Nadie conspira, nadie firma una orden corrupta. Lo que hay es un organismo que cede ante la presión de un sindicato, una cadena de mando que prefiere la calma a la verdad, y al final una superiora que le echa en cara a Stéphanie haber sido "demasiado humana" en su informe, como si la empatía fuera un error de procedimiento. Esa es la verdadera tesis de la película, mucho más que los chalecos amarillos como decorado: el sistema no necesita ser corrupto para protegerse, solo necesita que proteger a los suyos sea más barato que hacer justicia. Es la misma lógica que ya mostraban Cop Land o L.A. Confidential, pero sin la coartada del género negro clásico: aquí no hay redada final, ni enfrentamiento, ni nadie paga lo que debería pagar. Solo queda constancia de lo ocurrido. Y constancia, en este tipo de instituciones, no es lo mismo que justicia.

Caso 137 no es una gran película. Es, sobre todo, un buen papel bien sostenido, encerrado en una forma demasiado prudente para su propio contenido. Pero esa prudencia formal, lejos de ser solo un defecto de dirección, termina siendo parte del argumento: la indignación que la película no se permite en la imagen es exactamente la que le queda  como poso. Película de personaje pero acartonada y con un rimbombante subtexto: ¿en manos de quién está la ciudadanía?

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

 

 

 

Publicar un comentario

0 Comentarios